Poblados de muerte
caminan sobre la piel de las cunetas
pisoteando memorias
con los pies que olvidaron el camino.
El fusilado mira
desde el vestigio de una fosa
que grita el dolor de la ignorancia.
La cobardía construye
el pretexto del destino
pero es el hombre
el que labra la historia
y luego la despoja de su voz.
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El final del poema
Allí donde aún flota su perfume
pasan las horas de un poema
que espera en silencio el verso final.
Ella cantaba la canción de un trovador
que murió con la sombra de la acacia.
Cansados del camino
sus pies jugaban a ser alas de calandria
y las manos rozaban alboradas.
Hoy son otros
los ojos que acarician su mirada
y por el puente
se desliza su esbozo hacia el recuerdo.
Feliz navidad
Cuando enviéis los deseos
de paz y prosperidad
que corresponden a estas fechas,
cuando pidáis mesa para la cena del trabajo
que os reunirá en sana armonía,
cuando llaméis a los que nunca llamasteis durante el año
para decirles que siempre os acordáis de ellos
y más aún en estos días
que nos inundan de amor,
cuando devolváis el beso
que os lanza el bueno de Papá Noel
en el centro comercial cercano
animado por el sinfín de villancicos,
cuando hagáis el pesebre con vuestros hijos
y les expliquéis quién era el niño Jesús
y José y María
y cómo estaban ungidos por la bondad divina,
cuando el veinticuatro a la noche
esperéis a las 12 para brindar por el nacimiento
y las burbujas de cava
ayuden a bajar la suculenta cena
colmada de buenos augurios
ojalá que una pequeña sombra,
aunque más no sea una pequeña sombra
oscurezca vuestra sonrisa hipócrita
mientras Alepo se desangra.
El mar navega bajo la barcaza,
acaricia su vientre temeroso
y reclama su parte del botín:
los trozos de esperanza,
el polvo de los sueños.
Los navegantes esperan inquietos
una señal que les oculte el mar.
Pero no hay costa y el final del viaje
está en el cuerpo hinchado,
en los cuencos vacíos.
Los agoreros no han dado la talla.
El dolor se expone en su rito obsceno.
La náusea escarba en la herida del hambre.
Todavía hay un largo
invierno por sufrir.
Instrucciones para llegar a ser un poeta famoso
Para lograr la fama como poeta
será mejor que combines
actitudes, gestos
y conductas que complementan
el hermoso y duro oficio
que has elegido cultivar.
Lo más importante es ser borde
y para ello hay que entrenarse.
Nunca contestes a las invitaciones.
Si has aceptado alguna
porque puedes sacarle partido
debes llegar tarde
y por supuesto no saludar.
No dejes que se borre
el gesto grabado en tu rostro
semejante al de quien huele
mierda de su bigote.
Lee siempre del teléfono
para que sea evidente
que nunca preparas tus lecturas
y no olvides decir antes de cada poema
que pertenece a tu próximo libro.
En las reuniones importantes
a las que nunca estás invitado a recitar
siempre debes hacer acto de presencia
con una copa de la rara marca
de ginebra que tú bebes
y una boquilla sin cigarro.
La gorra es importante.
Siempre la misma,
envejecida y no muy limpia.
Pero sin llegar a sucia.
Dirás con frecuencia que admiras a Bukowski
y a algún poeta húngaro
poco conocido
o inventado.
Despreciarás a los clásicos españoles
y a todos los poetas muertos,
salvo a los suicidas
sobre todo si son sudamericanos.
Tus versos deben estar
plagados de palabras
como esperma, felación,
ebriedad y bisexual
y frases como
esta jodida angustia hipertrofiada,
coitos anales aposentados en la inútil tauromaquia,
sus bellos pezones foráneos que flagelan mis retinas,
la gratuita prostitución de la virgen María
o la pedofilia de Dios.
Deben ser versos
galimáticos, rompedores, sentenciosos,
torturados en la forma y en la idea.
Y por sobre todas las cosas
hablarás de ti,
de cómo abandonaste
la esperanza de ser comprendido,
de tus futuros proyectos poéticos
y de lo poco que te importan
el éxito,
la opinión de los demás
y los premios.
La chelista
Tras el cristal de la vidriera
el viejo chelo mira a la muchacha.
Sueña que en sus brazos
ella hubiera sido el canto del jilguero,
la nota oculta que reserva su magia,
la muerte en un acorde menor,
la pasión de Bach,
el gesto de amor que dibuja
la caricia del arco,
la angustia en el silencio.
Motivos
Tal vez viva porque no sé morir.
Sólo por eso. O también
por ver crecer al raso
el límite entre el céfiro y el agua,
el invierno y la ternura.
Y por creer en la pequeña huella
que deja cada noche el ruiseñor
y que intento silbar amanecido.
Y por el color del arce
cuando muerde el adiós
y dibuja las manos que se abren.
Volvamos al principio: no sé morir.
Ignoro el pecado
y acaricio tus soles
en el tiempo que nos deja la penumbra.
La soledad del cielo
El infinito ata sus bueyes al vacío 
y el trabajo de las ventanas
mata a los pájaros en vuelo.
No hay nubes ni vilanos,
no hay otoño.
La piedra se curva en el azul
y enmarca el deseo
de acompañar lo que se fue
tras el inmenso atardecer.
La soledad se ha teñido
de la inútil esperanza de verlos volar.
Navegante
Embarcarme en el ocaso
para gozar del renacer junto al timón.
Ser niño y jugar con los cabos y las velas.
Mirar la tempestad desde el vencido ancla.
Refugiarme en el camastro del relato.
Navegar hasta el adiós de los paíños
y allí derivar añorando la hoja del almendro.
Y así seguir
sin llegar nunca a la costa que soñamos.
Virtudes
Como las columnas de un templo griego
sustenta historias del pasado
batallas, precauciones, utopías
y
hasta amores sustenta.
Con un aliño de buenas vibras
y energías positivas
puede asumir un toque oriental
cosa que siempre está bien vista.
Hay que sembrarlo y cultivarlo
en la época precisa.
Y así, bien tratado
él se devora las otras mejillas,
lo ecuménico,
el buen rollismo
y la paz sin condiciones.
Si le hiciéramos más caso
tal vez no andaríamos
pisando siempre ese sorete.
El odio está cargado de virtudes.