Motivos

Tal vez viva porque no sé morir.
Sólo por eso. O también
por ver crecer al raso
el límite entre el céfiro y el agua,
el invierno y la ternura.
Y por creer en la pequeña huella
que deja cada noche el ruiseñor
y que intento silbar amanecido.
Y por el color del arce
cuando muerde el adiós
y dibuja las manos que se abren.
Volvamos al principio: no sé morir.
Ignoro el pecado
y acaricio tus soles
en el tiempo que nos deja la penumbra.

Hoy dejé una luz en la penumbra

Hoy dejé una luz en la penumbra,
y esa luna en un alba que devora,
y aquella flor en las arenas ciegas
que besan las orillas de una sombra.
Hoy dejé mi frío en las hogueras,
mi fulgor en el páramo doliente,
y la ternura en la batalla cruel
cebada de clamores y de heridas.
¿Qué puede ser más viejo que mi muerte?
Cuelgo mi voz en un perchero mudo
y salgo a desandar senderos tristes
que siembran de recuerdos mi vigilia.
Contemplo ensimismado mis ayeres.
¿Qué habrá más lacerante que la vida?