«Veinte»integra una pequeña (o no) colección de obras para clarinete y bajo que estoy preparando. Hace unos días subí «Melongue» que también es parte de este proyecto.
Melongue
Hace unos años compuse esta milonga porteña para clarinete y bajo eléctrico. Fue después de leer este poema de Julio Cortázar que tan bien refleja lo que la nostalgia nos trae.
MILONGA
Extraño la Cruz del Sur
cuando la sed me hace alzar la cabeza
para beber tu negro vino medianoche.
Y extraño las esquinas con almacenes dormilones
donde el perfume de la yerba tiembla en la piel del aire.
Comprender que eso está siempre allá
como un bolsillo donde a cada rato
la mano busca una moneda el cortapluma el peine
la mano infatigable de una oscura memoria
que recuenta sus muertos.
La Cruz del Sur el mate amargo.
Y las voces de amigos
usándose con otros.
Obstinat

«Obstinat» es una obra para flauta, violonchelo y bajo. En ella la flauta y el violoncelo dialogan, discuten y argumentan mientras el bajo los mira impasible. https://youtu.be/S3PhTV19y3E
Tango roto
Hace un tiempo retomé mi querido oficio de compositor, oficio que había abandonado por una serie de motivos difíciles de explicar y de entender sobre todo para mí mismo. El hecho es que he vuelto a sentir la profunda felicidad que me produce el acto de componer. La misma que encuentro al escribir. O al hacer mis pobres tallas de madera. Esta que subo es una de mis últimas obras. Compuesta para flauta, clarinete, piano y bajo eléctrico está interpretada por el ordenador quien lo hace bastante bien aunque sin la calidez de los intérpretes humanos. La obra se llama Tango roto. https://youtu.be/9IighxWhfNs
El vuelo de la alondra
Era el silencio de la alondra en vuelo.
La magia de una sombra que se aleja.
El péndulo en la pluma.
Y era la espera,
la incesante espera
de lo que nunca vuelve.
Final
La sangre camina hacia la herida
y busca el puñal en la piel.
El ojo toca la sombra
cuando un ángulo imposible
la obliga a reposar en el charco.
Entonces
la quietud devora el latido.
Un sueño
Soñé que yo era vos, padre.
Y que el viento traía
las nubes de tu río.
Desde la orilla
veía pasar navegando los recuerdos.
Cien caballos galopaban precipicios,
había pájaros con luz de primaveras
y el leño se agotaba en el hogar.
Yo seguía siendo vos
pero habitado por mis dudas
y no por tus certezas.
Hasta que te fuiste, padre
y yo me fui contigo.
Y dejé de ser quien era
y el sueño dejó de ser un sueño.
Éramos
No,
no éramos como creímos ser.
El tiempo fue limando la corteza
y ahí quedamos
sin maquillaje,
verdaderos,
desnudos.
No nos reconocimos
en el gesto sincero.
Y emprendimos solos
el viaje hacia el silencio.
Nadie
Los ojos cierran sus miradas
y pintan imágenes que ya no existen.
Alguna voz quiere hablar
de las pequeñas glorias de ayer.
Una silla vacía en el zaguán
espera el monólogo
que cada tarde recitaba el ciego.
Las letras huyen de los versos
y dejan sola a la palabra soledad
Viejo cantor
Primero olvidó los acordes,
luego olvidó los poemas.
Las canciones se marchitaron
y el viejo cantor embarcó
en una nave oscura
donde las guitarras se partían
y las voces morían de sed.