
«Obstinat» es una obra para flauta, violonchelo y bajo. En ella la flauta y el violoncelo dialogan, discuten y argumentan mientras el bajo los mira impasible. https://youtu.be/S3PhTV19y3E

«Obstinat» es una obra para flauta, violonchelo y bajo. En ella la flauta y el violoncelo dialogan, discuten y argumentan mientras el bajo los mira impasible. https://youtu.be/S3PhTV19y3E
Hace un tiempo retomé mi querido oficio de compositor, oficio que había abandonado por una serie de motivos difíciles de explicar y de entender sobre todo para mí mismo. El hecho es que he vuelto a sentir la profunda felicidad que me produce el acto de componer. La misma que encuentro al escribir. O al hacer mis pobres tallas de madera. Esta que subo es una de mis últimas obras. Compuesta para flauta, clarinete, piano y bajo eléctrico está interpretada por el ordenador quien lo hace bastante bien aunque sin la calidez de los intérpretes humanos. La obra se llama Tango roto. https://youtu.be/9IighxWhfNs
Era el silencio de la alondra en vuelo.
La magia de una sombra que se aleja.
El péndulo en la pluma.
Y era la espera,
la incesante espera
de lo que nunca vuelve.
La sangre camina hacia la herida
y busca el puñal en la piel.
El ojo toca la sombra
cuando un ángulo imposible
la obliga a reposar en el charco.
Entonces
la quietud devora el latido.
Soñé que yo era vos, padre.
Y que el viento traía
las nubes de tu río.
Desde la orilla
veía pasar navegando los recuerdos.
Cien caballos galopaban precipicios,
había pájaros con luz de primaveras
y el leño se agotaba en el hogar.
Yo seguía siendo vos
pero habitado por mis dudas
y no por tus certezas.
Hasta que te fuiste, padre
y yo me fui contigo.
Y dejé de ser quien era
y el sueño dejó de ser un sueño.
No,
no éramos como creímos ser.
El tiempo fue limando la corteza
y ahí quedamos
sin maquillaje,
verdaderos,
desnudos.
No nos reconocimos
en el gesto sincero.
Y emprendimos solos
el viaje hacia el silencio.
Los ojos cierran sus miradas
y pintan imágenes que ya no existen.
Alguna voz quiere hablar
de las pequeñas glorias de ayer.
Una silla vacía en el zaguán
espera el monólogo
que cada tarde recitaba el ciego.
Las letras huyen de los versos
y dejan sola a la palabra soledad
Primero olvidó los acordes,
luego olvidó los poemas.
Las canciones se marchitaron
y el viejo cantor embarcó
en una nave oscura
donde las guitarras se partían
y las voces morían de sed.
Sonás a lo perdido,
al exilio y a la ausencia.
A lo que quise ser
y a lo poco que fui.
A una calle con empedrado y farol
que se fue con los tranvías.
Sonás a vos cuando alguien te silba,
a las lluvias de otoño,
a cospel,
a cinco guitas y a mis viejos.
A guardapolvos, a tinenti,
a rayuela, a tejo y a malvón.
Sonás a la distancia,
al tiempo,
al primer abrazo.
A la última pasión.
A Quicu Samsó, in memoriam
Estem però no hi ha ningú
Quicu Samsó
Un lienzo blanco.
El alabastro
al que nadie le dará vida.
Un rototom que espera la baqueta.
Alguien busca en la lejana linea
las palabras del poema que no sabrá escribir.
Ahora
que la orquesta entera
ha dejado de sonar
el aire es un silencio oscuro
y un café se enfría en la mesa vacía.
¿Quién nos dirá
cómo sembrar este erial?
Estamos. Pero no hay nadie.