Locura

El síntoma es no recordar
cuándo entró la locura.
O buscar pájaros en el dibujo
del vientre embarazado.
O silbar en el ocaso
la melodía del cuadro del Bosco.
O repetir el viaje
del globo rojo.
O gritar a coro con los peces
el nombre de la amada.
No recordar
pero haber sabido que entraría fácilmente
pues la puerta
nunca estuvo muy cerrada.

Navegante

Embarcarme en el ocaso
para gozar del renacer junto al timón.
Ser niño y jugar con los cabos y las velas.
Mirar la tempestad desde el vencido ancla.
Refugiarme en el camastro del relato.
Navegar hasta el adiós de los paíños
y allí derivar añorando la hoja del almendro.
Y así seguir
sin llegar nunca a la costa que soñamos.

Lentamente

Me tenderé
sobre el manto de la orilla
y el lucero forjará mis espejismos.
Entre los huecos que dejan
los sueños de la última pasión
sólo el silencio dibujará caminos.
La tierra tendrá el color del campesino
cuando el ocaso bese la lejana línea
y el pájaro anuncie la fuga.
Cobijado en mis pensares
te veré pasar de largo
y entonces percibiré mi ausencia
con la paz que cinceló el pasado.