El reloj contra el espejo
marca las deshoras.
Las canicas caen al revés
y el abrojo
pinta un caballito
en el mar de las montañas.
Salgo a mirar los picaflores
y veo entre los cielos
un ratón que sueña con ser nube.
Trepo por la cuerda del columpio
con un ramillete de agujeros de gruyer.
Canturreo una canción que no protesta
y llego al viejo andén.
El viento
hace remolinos con historias
y papeles de envolver encantamientos.
El sueño del ratón se come el queso
y la nube se sube al tobogán.
Archivo de la categoría: Mis escritos
Mirando al Sur
Te has tomado un descanso en tu añorar.
Los recuerdos quedan solos a tu espalda.
Hojeas sin prisa un periódico cualquiera
y buscas la noticia que nunca escribirán.
Allá lejos,
tras aquella línea curva
la vida es de otra gente,
el Sur existe y tú no estás.
Cuando asome la noche
y vuelvan en silencio los recuerdos,
entrarás al bar
de la mano de un pedazo de nostalgia.
En la mesa de siempre mirarás por la ventana
y habrá un hueco:
el de otro bar, otro banco,
otra mesa, otro mar.
Fotografía: Héctor Zampaglione
Las olas
Desnudo al atardecer
cuento las olas,
las clasifico.
Hay una que sube callada,
otra que quiso ser
y aquella que ahoga un recuerdo
entre la sal y la espuma.
Camino mi desorden por la arena que mojan
y espero a que una se lleve el silencio
al secreto abismo que las crea.
Presencias
Cada tanto las presencias
despiertan de letargos mentirosos.
Al llegar a una esquina
el andar indolente
queda suspendido en un gesto de alerta.
Un olor a pintura
reconstruye la imagen de la casa nueva
con paredes blancas,
libros, fotos, afiches,
una red de pescadores teñida con té
y la ternura que siempre perdía
jugando a la escondida.
Súbitamente
todo se oscurece.
Ellos entran con el colmillo de la muerte.
Las paredes se visten
con el tufo del espanto.
El refugio muere
y la casa queda hueca de nosotros.
¿Quién pisa ahora
las huellas de ese amor
que palpitaba en los rincones?
Coronación
La brisa mueve
los envoltorios y los peinados.
Agita también los banderines grises
pues la ocasión no permite los colores.
Los lujosos coches pasean lentamente
su selecta carga impuesta.
Hay palabras que un poeta nunca escribe.
Se escuchan con devoción.
Son suaves, estudiadas,
a veces esdrújulas.
Y tras cada frase
un crítico avezado
interpreta las nadas
y las llena con vacíos.
Ya que estamos
bien como estamos
la voz nos promete seguir eternamente.
Pensares (II)
-
La gota busca el cáliz
entre los ojos que la arena esparce.
Rendida cae sobre el espejo azul
anegado de rostros sin imagen.
…
-
En el camino
versos desesperados
gritan ausencias.
…
-
Por la mañana
el sol aleja la idea oscura.
Aquieta el gélido silencio
y pinta de luz los huecos.
El jardín es casi primavera.
…
-
El amanecer atrapa
por un instante
el viaje del sol.
Es entonces cuando florece
tu pelo encendido
por la noche muerta.
…
-
Se mueven en silencio
trovadores y jinetes.
En la ensoñada paleta
intento descubrir
el color de mi añoranza.
…
-
En su oscuridad
la historia crece
cada vez que el paso elige la roca
y la presa mata al halcón.
Pero aún falta
el trazo del testigo.
…
-
El árido labio del paisaje
vigila la boca muda.
El dolor se confunde
con la astilla de un espejo
apuñalado en la arboleda.
…
-
Sobre las ramas rotas
yace el duende de un niño.
La espera tizna su cara
con la lágrima fundida
en la respuesta ausente.
…
-
La sombra trenza pasiones
y llora la muerte recurrente,
una fuga por abismos,
la agonía del beso
y el libro que vive en las cenizas.
…
-
Y entonces amanece
en nidos oxidados
y edades de papel.
La vieja música
dibuja en mi inquietud
el signo sereno de la nostalgia.
El caballo muerto
Cuando el sol insinúa
la pequeña despedida
pasa un carro lento
por los fatigados adoquines
al ritmo de los cascos y las ruedas.
Detrás
el bastidor soporta
la triste carga del caballo muerto
que encamina su silencio
al perfume del jabón.
La servilleta
El último cliente
se aleja con su lápiz y su curda.
En el bar, arrugada,
la sucia servilleta de papel
guarda los versos
que ella no leyó.
Del poemario «El libro y el poeta»
Esencial
Cuando lo cierto renuncia a su escondrijo
el dolor de la palabra ahogada
mira quebrarse la máscara.
Pasó el tiempo de los cielos claros
y la herida de la esencia
acaricia los bancos vacíos.
Cinco notas se funden con el cierzo
y dejan un recuerdo suspendido.
El último trazo del pintor suicida
dibuja el gesto
de tu cara triste.
Primavera
Vuelves después de la muerte
cuando el futuro parecía
haber dejado de existir.
En unos días serás la esperanza,
como un abril de claveles.
Tal vez si insistes
aprendamos a trasladarte a nuestras vidas.
