Instrucciones para llegar a ser un poeta famoso

Para lograr la fama como poeta
será mejor que combines
actitudes, gestos
y conductas que complementan
el hermoso y duro oficio
que has elegido cultivar.
Lo más importante es ser borde
y para ello hay que entrenarse.
Nunca contestes a las invitaciones.
Si has aceptado alguna
porque puedes sacarle partido
debes llegar tarde
y por supuesto no saludar.
No dejes que se borre
el gesto grabado en tu rostro
semejante al de quien huele
mierda de su bigote.
Lee siempre del teléfono
para que sea evidente
que nunca preparas tus lecturas
y no olvides decir antes de cada poema
que pertenece a tu próximo libro.

En las reuniones importantes
a las que nunca estás invitado a recitar
siempre debes hacer acto de presencia
con una copa de la rara marca
de ginebra que tú bebes
y una boquilla sin cigarro.
La gorra es importante.
Siempre la misma,
envejecida y no muy limpia.
Pero sin llegar a sucia.
Dirás con frecuencia que admiras a Bukowski
y a algún poeta húngaro
poco conocido
o inventado.

Despreciarás a los clásicos españoles
y a todos los poetas muertos,
salvo a los suicidas
sobre todo si son sudamericanos.

Tus versos deben estar
plagados de palabras
como esperma, felación,
ebriedad y bisexual
y frases como
esta jodida angustia hipertrofiada,
coitos anales aposentados en la inútil tauromaquia,
sus bellos pezones foráneos que flagelan mis retinas,
la gratuita prostitución de la virgen María
o la pedofilia de Dios.
Deben ser versos
galimáticos, rompedores, sentenciosos,
torturados en la forma y en la idea.

Y por sobre todas las cosas
hablarás de ti,
de cómo abandonaste
la esperanza de ser comprendido,
de tus futuros proyectos poéticos
y de lo poco que te importan
el éxito,
la opinión de los demás
y los premios.

La chelista

Tras el cristal de la vidriera
el viejo chelo mira a la muchacha.
Sueña que en sus brazos
ella hubiera sido el canto del jilguero,
la nota oculta que reserva su magia,
la muerte en un acorde menor,
la pasión de Bach,
el gesto de amor que dibuja
la caricia del arco,
la angustia en el silencio.

Motivos

Tal vez viva porque no sé morir.
Sólo por eso. O también
por ver crecer al raso
el límite entre el céfiro y el agua,
el invierno y la ternura.
Y por creer en la pequeña huella
que deja cada noche el ruiseñor
y que intento silbar amanecido.
Y por el color del arce
cuando muerde el adiós
y dibuja las manos que se abren.
Volvamos al principio: no sé morir.
Ignoro el pecado
y acaricio tus soles
en el tiempo que nos deja la penumbra.

La soledad del cielo

El infinito ata sus bueyes al vacío dscn2797
y el trabajo de las ventanas
mata a los pájaros en vuelo.
No hay nubes ni vilanos,
no hay otoño.
La piedra se curva en el azul
y enmarca el deseo
de acompañar lo que se fue
tras el inmenso atardecer.
La soledad se ha teñido
de la inútil esperanza de verlos volar.

 

Navegante

Embarcarme en el ocaso
para gozar del renacer junto al timón.
Ser niño y jugar con los cabos y las velas.
Mirar la tempestad desde el vencido ancla.
Refugiarme en el camastro del relato.
Navegar hasta el adiós de los paíños
y allí derivar añorando la hoja del almendro.
Y así seguir
sin llegar nunca a la costa que soñamos.

Virtudes

Como las columnas de un templo griego
sustenta historias del pasado
batallas, precauciones, utopías
y
hasta amores sustenta.

Con un aliño de buenas vibras
y energías positivas
puede asumir un toque oriental
cosa que siempre está bien vista.
Hay que sembrarlo y cultivarlo
en la época precisa.
Y así, bien tratado
él se devora las otras mejillas,
lo ecuménico,
el buen rollismo
y la paz sin condiciones.
Si le hiciéramos más caso
tal vez no andaríamos
pisando siempre ese sorete.

El odio está cargado de virtudes.

La frase

 

Meses antes, tal vez años
algo se dice en el bar,
en la cama DSCN2798b
o en la pared.
Una sonrisa pinta la frase
que se hamaca
como un pétalo en la brisa,
un pétalo amarillo
ya agrio cuando ha caído
meses después, tal vez años.
Para entonces la puerta está cerrada
y hasta la soledad es falsa.
Las palabras que sonaron bellas
caminan ahora cubiertas de sangre.

La luz y el cobijo

Ojalá estuviera siempre ahí
la luz de esta ventana.
Siempre quieta en el árbol
y en el pájaro que vuelve cada tarde.
Quieta en el agua de la nube
y en la esperanza de un azul
que conmueve a la intemperie.
La luz de esta ventana
que dibuja tu espalda
y dicta el origen al viento.
La que me regala
el ojo y la ceguera.
La que siembra el vacío
y recoge noche a noche
el pálido agujero de la ausencia.

No nos olvidemos de ellos

Queridas amigas y queridos amigos,
Los gobiernos de Europa niegan refugio a miles de personas que huyen de la guerra. Las únicas manos que se les tienden, las únicas sonrisas, los únicos alimentos, se los brindan ese puñado ejemplar de voluntarios que desesperadamente intentan mitigar el dolor de la soledad, la ausencia, la distancia, el hambre.

A todos ellos, abandonados y solidarios dedico este pequeño poemario que he llamado «De la ignominia». Os lo podéis descargar libremente en: https://paramiuncortado.wordpress.com/de-la-ignominia/.
Os pido que si os interesa lo compartáis.

La noche y el árbol

Cree que es suyo
cuando cambia su silueta
por la nube y el labriego,
enluta el color de sus hojas,
nos deja a merced de su enemigo.
Cree que es suyo
cuando lo convierte en un fantasma invernal
que asusta al niño
y al perro tuerto.
Cree que es suyo
aunque lo turbe
el canto del ruiseñor.

Si la tiniebla
es el recuerdo de un sueño sin amparo
el árbol, todo luz,
vuelve a ser
la sombra del caminante.