Edición de «El libro y el poeta»

El hombre dormido

En el fondo de un mar
sin certidumbres
el hombre duerme
su sueño de alquiler.
Un ojo abierto sobre la calma lluvia,
el rostro libre entre canales yermos
y un lejano beso en su boca de fumar.

Queridos amigos
Éste es uno de los cincuenta poemas de mi poemario “El libro y el poeta” que, si todo va bien, publicaré a principios de enero. Es un libro-disco que incluye un CD con 23 poemas que recito acompañado por las percusiones compuestas e interpretadas por Quicu Samsó.
Para hacer posible esta propuesta he optado por abrir una página en Verkami y reunir el dinero para la edición por el método de crowdfunding. Ésta es una forma directa de financiar proyectos con la suma de aportaciones individuales que en este caso representan la compra adelantada de uno o más ejemplares del libro.
Las colaboraciones se hacen a través de http://www.verkami.com/projects/3602. En esta dirección de Verkami y aquí, en este blog, podéis leer y oir poemas del libro.
Espero poder realizar el proyecto e invitaros a la presentación del libro que será un concierto en el que Quicu y yo interpretaremos los poemas del CD.

El emisario

Entonces
unos adoraron su ansiado advenimiento
mientras otros negaban
convencidos de que aún
les quedaba mucha espera.
Y más tarde
también otros creyeron la venida
pero de alguien muy distinto
a aquél de años atrás.

En este reinante ecumenismo
seguro que algunos
defienden la llegada de esos dos
que conviven en paz con la de nadie.

Yo no creo en los cuentos infantiles,
pero pienso
que si algunos llevan la razón
han de ser los partidarios de la espera.
De haber venido
algo hubiera remediado.

Aunque tal vez
simplemente sea un inútil.

Querría invitarla a tomar un café

El pañuelo tirante
abraza su cabeza
y cubre los signos innegables:
ese páramo reciente,
el color de la impotencia,
algo de la piel triste
que entristece el vacío
de unos ojos que ya miran desde afuera.
Su juventud escupe la injusticia.
Y yo, hundido en ese viaje,
querría invitarla a un café
y decirle aquellas cosas,
que son
algunas ciertas, otras mentiras,
todas bobadas:
hay mañana, ya verás,
no te anticipes,
lo importante es el camino recorrido…

Las huellas

La vieja foto
del rostro que no envejece
vuelve cada tarde
a la mirada opaca.
El gesto escondido en la ceniza
olvidó la mano que encendiera el fuego.

Un sueño desanda el camino
donde palpitan los perfiles
y las sombras.
Son huesos que esperan
el dolor de la memoria,
el fin del anhelo que tortura,
la sepultura que los devuelva a nuestra vida.

Un aire de potros desbocados

A Camarón de la Isla

Deja la vida
en el quejío
de una muerte azul
y un amor de barro.
Y vuelve en cada coda
de lágrima y adiós.
Así hasta el maldito día
en que olvida renacer
y su voz se sumerge en la negrura
sólo por ver si es cierto
que su cante vive también en la nada
donde el silencio cerró su boca
con un mar de humos y desiertos.
Pero a este lado del camino
seguimos oyendo el desgarro
que abraza las guitarras
en el brusco socavón de una falseta.

En esta tierra arrasada
qué pobres seríamos,
Camarón,
sin el duende de tu voz.

Siempre los mismos

Es él. Lo conozco. ¡Y tanto que lo conozco! Ese día de enero de 1941 estaba acompañado de otros soldados. Pero no lucía ropa azul ni casco ni escudo. Vestía un uniforme gris. Me ordenó subir a un tren que me llevó a un infierno con olor a carne quemada y rodeado de alambre de espino.

Años más tarde, empujó a un joven por una ventana de Laietana mientras a mí me torturaban en la misma habitación.

Luego lo vi en Vietnam. Llevaba ropa de color verde oliva. Era el que me encerró en una jaula y cada noche me colocaba agujas debajo de las uñas.

En Buenos Aires iba con ropa de civil. Todos iban de civil. Me obligó a subir a un Falcon y comenzó a golpearme. Y luego siguió en la comisaría. Con más saña. Mucha más. Muchísima más. Picana elécrica, submarino, simulacros de fusilamiento.

Y ahora, tantos años después, lo veo exactamente igual. Con la prepotencia del imbécil, la que surge de la fuerza bruta. Demostrando lo bien que aprendió las lecciones de la academia: reprimir, torturar, golpear, matar. Pero esta vez ejerciendo sus dominios en las calles de Madrid, chuleando con la valentía que le da un arma y el estar rodeado de bestias como él frente a gente desarmada, ancianos, mujeres, jóvenes que piden la devolución de lo que les han robado.

El consuelo

Aunque un día evoques
los poemas que las manos dibujaban en el aire
o el paseo al amparo de una orilla
o aquel vino que reímos inconscientes.

Aunque en alguna siesta amodorrada
abras el cajón donde duerme tu cuaderno
y encuentres la huella
de los senderos olvidados.

Aunque en tu tranquilo atardecer
yo te sonría desde el árbol-casa
y el pan se hornee con pausa pueblerina
y beses la mano que escribió la carta.

Aunque el tren te anuncie
la llegada a la estación lejana
que entonces guardaba
esbozos de esperanzas y futuros.

Aunque yo pase a ser
un amable despojo en tus memorias
tal vez no te haga daño mi recuerdo
por que nunca sabrás cuánto te quise.

Inusual

En el portal
de los otoños mustios
esperé con anhelo a mi tristeza.
Pasaban aguas
y hojas navegantes,
pasiones enfundadas en torpezas,
años rotos,
asombros robados al hastío
y también alguna golondrina
arqueando cielos y tormentas.
Un feriante de misterios
me dio a entender que no vendría.
Entonces
yo arrugué mi espera
en el borde del camino,
seguí tras la huella de mis pasos
y pinté en mis labios fatigados
la suave curva que ilumina a los infantes.