La brisa mueve
los envoltorios y los peinados.
Agita también los banderines grises
pues la ocasión no permite los colores.
Los lujosos coches pasean lentamente
su selecta carga impuesta.
Hay palabras que un poeta nunca escribe.
Se escuchan con devoción.
Son suaves, estudiadas,
a veces esdrújulas.
Y tras cada frase
un crítico avezado
interpreta las nadas
y las llena con vacíos.
Ya que estamos
bien como estamos
la voz nos promete seguir eternamente.
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Pensares (II)
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La gota busca el cáliz
entre los ojos que la arena esparce.
Rendida cae sobre el espejo azul
anegado de rostros sin imagen.
…
-
En el camino
versos desesperados
gritan ausencias.
…
-
Por la mañana
el sol aleja la idea oscura.
Aquieta el gélido silencio
y pinta de luz los huecos.
El jardín es casi primavera.
…
-
El amanecer atrapa
por un instante
el viaje del sol.
Es entonces cuando florece
tu pelo encendido
por la noche muerta.
…
-
Se mueven en silencio
trovadores y jinetes.
En la ensoñada paleta
intento descubrir
el color de mi añoranza.
…
-
En su oscuridad
la historia crece
cada vez que el paso elige la roca
y la presa mata al halcón.
Pero aún falta
el trazo del testigo.
…
-
El árido labio del paisaje
vigila la boca muda.
El dolor se confunde
con la astilla de un espejo
apuñalado en la arboleda.
…
-
Sobre las ramas rotas
yace el duende de un niño.
La espera tizna su cara
con la lágrima fundida
en la respuesta ausente.
…
-
La sombra trenza pasiones
y llora la muerte recurrente,
una fuga por abismos,
la agonía del beso
y el libro que vive en las cenizas.
…
-
Y entonces amanece
en nidos oxidados
y edades de papel.
La vieja música
dibuja en mi inquietud
el signo sereno de la nostalgia.
El caballo muerto
Cuando el sol insinúa
la pequeña despedida
pasa un carro lento
por los fatigados adoquines
al ritmo de los cascos y las ruedas.
Detrás
el bastidor soporta
la triste carga del caballo muerto
que encamina su silencio
al perfume del jabón.
La servilleta
El último cliente
se aleja con su lápiz y su curda.
En el bar, arrugada,
la sucia servilleta de papel
guarda los versos
que ella no leyó.
Del poemario «El libro y el poeta»
Esencial
Cuando lo cierto renuncia a su escondrijo
el dolor de la palabra ahogada
mira quebrarse la máscara.
Pasó el tiempo de los cielos claros
y la herida de la esencia
acaricia los bancos vacíos.
Cinco notas se funden con el cierzo
y dejan un recuerdo suspendido.
El último trazo del pintor suicida
dibuja el gesto
de tu cara triste.
Primavera
Vuelves después de la muerte
cuando el futuro parecía
haber dejado de existir.
En unos días serás la esperanza,
como un abril de claveles.
Tal vez si insistes
aprendamos a trasladarte a nuestras vidas.
La prórroga
El ensueño de una manta y un hogar
llevó tu nombre en las llamas,
en la nieve imaginada tras el vano,
en la cálida copa de cognac.
Y yo seguí esperando
a que una noche
mi recuerdo sorprendiera tu vigilia
en la realidad fugaz
de los ojos entornados.
Incógnitas
Conocer el contorno perfecto
de lo que lleva mi impronta
aunque nunca será mío.
Descubrir la porfiada línea
que impide que toque mi mano.
Saber si el infinito que dibujan
es el mismo que dibuja el universo.
Cuando los miro se aleja
el momento de entender
el abismo que levantan los espejos.
Recuerdos maltratados
No puedo escribir
lo que te quiero,
lo que te quise.
Sólo afloran recuerdos maltratados.
Una flor en el jardín.
Un teléfono y un vaso.
Guardapolvos y veredas.
La insulina, una caricia.
Y esa lucha entre quien soy
y el que quisiste que fuera.
El viento lleva historias
que caben en el hueco de otra historia.
Yo sigo y vos estás
en un lugar donde el misterio no responde.
Para poder ser
Aún no es
y ya cree en su futuro.
El ojo está
pero no mira.
La astilla señala
el sitio de unas cejas.
La veta morirá
en la turgencia de la boca.
El sexo se presiente
entre dos ramas.
Aún no es
y confía en la mano
que roce el torso suave
nacido de una albura sin pulir.
En la penumbra
el resto de un oscuro olivo
espera la caricia del cincel.
Del poemario «El libro y el poeta»