Tango

Sonás a lo perdido,
al exilio y a la ausencia.
A lo que quise ser
y a lo poco que fui.
A una calle con empedrado y farol
que se fue con los tranvías.
Sonás a vos cuando alguien te silba,
a las lluvias de otoño,
a cospel,
a cinco guitas y a mis viejos.
A guardapolvos, a tinenti,
a rayuela, a tejo y a malvón.
Sonás a la distancia,
al tiempo,
al primer abrazo.

A la última pasión.

Silencio oscuro

A Quicu Samsó, in memoriam

Estem però no hi ha ningú
Quicu Samsó

Un lienzo blanco.
El alabastro
al que nadie le dará vida.
Un rototom que espera la baqueta.
Alguien busca en la lejana linea
las palabras del poema que no sabrá escribir.
Ahora
que la orquesta entera
ha dejado de sonar
el aire es un silencio oscuro
y un café se enfría en la mesa vacía.
¿Quién nos dirá
cómo sembrar este erial?
Estamos. Pero no hay nadie.

Olía a malvón

En todo caso olía a malvón
y no a geranio.
Porque era el recuerdo
de lombrices bajo piedras,
de sandías robadas,
de caballos que galopaban hormigas
y perros que cantaban
coplas de piratas ebrios.
Lejos, el geranio
saltaba entre balcones,
desnudaba toreros
y vivía la muerte de la soleá.
Mi infancia sembrada de malvones
aprendió tarde el amor de los geranios.

Bosque

En los años de humo y de hollín perdió la noción del camino. Ahora regresa al bosque por un sendero oculto tras las zarzas y el olvido. Será de noche cuando el arroyo cante la canción que oyó en su infancia. Será de noche y no estará solo. Habrá grillos, luciérnagas, ruiseñores y un combate de pieles que descubran el amor. Pero no hay nadie en el claro donde los besos de un muchacho hoy tiemblan en la memoria del viejo. Allí solo está la luna que parece trepar por el silencio.

Umbrales

Se confunde el umbral de aquella casa encantada con el de tu cuerpo cubierto por una sábana con rayas rojas y azules. Pero el umbral de tu cuerpo no tiene ahora color posible ni tan siquiera el de esa sábana cuyas rayas ya no son rojas y azules. Son transparentes. Son incoloras. Casi no son. Entonces me decido a buscar otros colores pero no encuentro con qué crearlos. Ni luz ni pigmentos ni sombras. En el umbral de tu cuerpo espera una figurita de barro. Como en aquella casa encantada. El umbral de la casa encantada y tu cuerpo se apagan en el incomprensible mar de mi pobre cerebro castigado. Y yo debo huir de mis serpientes. Distraerlas. Apagar las pocas luces que quedan para que desaparezcan. Una vez lo logré. Fue hace mucho tiempo. Llovía. De golpe la lluvia se hizo torrencial y apagó los colores y con ellos desaparecieron las serpientes. Pero siempre vuelven. Y cuando vuelven yo estoy perdido en este mar sin colores y sin peces. Un mar apagado y viscoso en el que de nada sirve nadar. Prefiero quedarme quieto y esperar esa ola inmensa que arrastra todo y todo lo mezcla. Me acostumbro a ver dentro de esa amalgama de cosas caras como las del gato negro de ayer, el de la panadería. Ahí está y parece que sonríe aunque los gatos nunca sonríen. Me está mirando y sé que piensa que él es mejor que yo. Él es dios y yo ni siquiera un perro. Me da miedo ese gato y me voy. Pero es difícil encontrar la puerta por la que salir de ese mar. Y entonces veo el umbral que nuevamente se confunde con el de tu cuerpo cubierto por una sábana con rayas rojas y azules.

Ese mar

————————————¡Ay, mi dulce amor,
————————————ese mar que ves tan bello es un traidor!
————————————Cancionero Asturiano

Mira la línea lejana
y el vuelo ondulante
que habita el paíño,
allí donde un barco embrujado
acechaba al pez que huyó de la red.
Mira la nube que traerá otra tormenta
sin barco, sin pez, sin red y sin barquero.
Y van pasando las horas
hasta que el farol
enciende el camino
a esa casa que ahora es soledad.

Las fotos

Parece que sólo fueran nombres.
Cuatro, cinco, seis letras.
Sólo letras, sólo nombres.
Algunos tienen la té
como Tárek
o seis años como Abdel.
O cuatro como su hermana Hana.
Otros llevan gafas
como Samira
o pelo largo y rizado
como lo lleva Souad.
Pero siguen siendo
sólo letras, sólo nombres.
En todos hay un pasado
y mientras llega el futuro
todos aman, ríen y caminan.
Pero si miras bien
esa mancha casi imperceptible
que en cada uno de ellos
borra una peca
o tuerce el gesto
o no deja ver el ojo
es la marca de una bala.

Este poema pertenece al libro «Trece poemas por Palestina» que te puedes descargar libremente en https://paramiuncortado.blog/descargar-mis-libros/

Vidas

De tu mano
camino el perfume
de los álamos plateados.
El barrio es de algún puerto
de aquí, de allá
o que no existe.
Se juntan
un olor a sudestada,
esa calandria que habitaba los estilos,
la brisa del mar
y la errante golondrina
que va y que viene
y anida en la hornacina atea
para hablarme de otros vientos,
otros soles.
De tu mano
camino el perfume
de los álamos plateados.
De golpe la calandria huye,
se abre el silencio,
la golondrina desdibuja su camino
y nosotros trenzamos
los bordes de una manta
que abriga nuestros sueños.