Hoy dejé una luz en la penumbra,
y esa luna en un alba que devora,
y aquella flor en las arenas ciegas
que besan las orillas de una sombra.
Hoy dejé mi frío en las hogueras,
mi fulgor en el páramo doliente,
y la ternura en la batalla cruel
cebada de clamores y de heridas.
¿Qué puede ser más viejo que mi muerte?
Cuelgo mi voz en un perchero mudo
y salgo a desandar senderos tristes
que siembran de recuerdos mi vigilia.
Contemplo ensimismado mis ayeres.
¿Qué habrá más lacerante que la vida?
La anciana y el cortejo
Arrastra el luto y los pies
entre piedras que esconden
memorias esclavas.
Una ausencia tiñe
la mirada errante.
Susurra los nombres
al son de una antigua canción marinera.
Gasteiz, Grimau, Ruano,
Grimau, Ruano, Gasteiz,
Subiendo la cuesta traspasa el cortejo.
La cruz, el obispo,
los santos codazos,
el fervor gazmoño.
El lienzo que cubre la impudicia muerta
agita balas ciegas,
miembros rotos,
cráneos machacados.
Es una tela con hedor a olvido.
La voz susurra los nombres
que se alejan del muerto y la murga.
Gasteiz, Grimau, Ruano,
Grimau, Ruano, Gasteiz.
Cada vez más lejos
resuena la antigua canción marinera
y la anciana piensa que cuando amanezca
buscará la tumba del verdugo muerto
y sobre la losa escupirá tres veces.
Niño que mira
Un niño mira pasar las aguas,
pavesas de hogueras que navegan,
la pluma de un pájaro que fue.
Un niño mira pasar el viento,
la hoja caída
y la cometa que perdió su cola.
Desde el puente
un niño mira pasar el tren
sin chisme,
sin hoja,
sin pájaro.
Como ayer.
Tal vez
Tal vez un día,
en agosto,
no sabré
si es mi frío o tu verano
el que me hace pensar en una historia
de arlequines, de magia y de acrobacia.
Tal vez aquella tarde
debí decirte adiós
y dejar entre papeles de colegio
mi rito adolescente de querer.
Tal vez aquella noche,
caminando por la cuerda de un ensueño
y ebrio del ayer,
debí dejar de ser
para olvidarte.
Mis ojos te hacen
Mis ojos te hacen como quiero verte.
Del olvido sales
sin saber que te miro.
Y te amo así:
muda de historia,
con la pasión del que ignora tu pasado.
Te soñaba
Así te soñaba:
sentada en aquel banco
en el que el beso
sería una quimera temerosa,
soñando
que habitabas en mis sueños,
mirando cómo mis tormentas
no amarraban en tu puerto.
Así te soñaba
hasta que un día
de algún mes de los de siempre,
llegó a mi barca la vigilia
y ya no hubo temporales desbocados
ni nubes ni viento
ni escarchas en las noches
del invierno solitario.
Ni nadie en el banco
de aquel beso que no fue.
Canta
Para Alba,
alegre esperanza
Las horas
que pintan tu alegría
crecen en recodos
donde las alondras
se embriagan de tanto volar.
Haces florecer las nubes grises
y tus pequeños labios
dibujan palabras audaces,
cálidas,
silbadoras.
Te ríes
con la sencillez del saltimbanqui
y amaneces
en cada juguete que descubres.
Cantas
y haces vida los sueños
como lanzando certezas
que enlentecen el tiempo
de los relojes vencidos.
Tu llanto de muñeca
inunda patios
que anduvieron piratas,
trenes y ositos con panteras.
Ahuyentas la tragedia,
perfumas el carbón,
inventas el decir justo
y cultivas la flor de las arenas
mientras tus pisadas
construyen la huella
de mañanas sin desiertos.
A ese amor que no fue
Ni siquiera un beso,
una caricia.
Todo estaba contenido en las palabras,
sonrojado en los silencios,
anclado en las miradas.
Mis cartas de amor
fueron borradores y cenizas.
Y vi cómo pasabas hacia el tiempo
esperando el gesto que no llega
de un amante tonto, adolescente,
perdido en posibles que no encuentra,
perdido en añoranzas que no tuvo,
perdido en laberintos que se inventa.
La tía Fanny
A Fanny Edelman
Me hablaba de edificios,
calles que existían,
batallas
y señores que lucharon en batallas.
Me hablaba de reuniones,
de poetas que pelearon versos,
de heridos y de héroes mudos.
Y yo escuchaba
como el niño
que fui en mis recuerdos.
Ahora,
por mucho que la imagen de la charla,
el té humeante y su sonrisa
vuelvan sin descanso
a mis ritos cotidianos
otro hueco oscuro
se ha adueñado de mi centro.
Esta vez
es la voz de su relato la que falta.
Hacia la luz
Al fondo, lejos,
la luz ilumina el rostro
de alguien que no injuria,
el que nació en sus sueños de soledad.
El camino será, tal vez,
un viaje eterno.