Un libro espera la llamada del poeta.
La hoja blanca,
un suave olor a papel nuevo
y un lomo que se encorva ante la idea.
La tapa abre su ilusión
al caminante de palabras.
La palma quieta
niega al recuerdo la escritura.
La letra ha muerto en el empeño
de trepar por los peldaños de papel.
Errante,
la mano se agita entre las plumas,
mira el verbo que no existe
y dice que descansa
de un viaje al infinito.
Amores imposibles
Esperando al tren que nunca llega
surgen de pronto
con la cita del sábado a la noche,
la del pelo tieso,
calcetín azul,
mocasín lustrado,
pantalón de estreno
y esa mágica colonia
que triunfa sobre todos los temblores.
Vienen disfrazados de bondad,
encerrados en cajitas con palabras
y algún pétalo agotado
que vivió en la flor que no se dieron.
Caminan por las orillas mudas
de paseos que terminan contra el tiempo,
entre luces que se encienden y se apagan.
Cuentan y oyen historias de familia,
sublimes
o bobas
o distantes.
Y luego se van,
si es que llegaron,
en los brazos de memorias mentirosas,
en los grises de relojes que funcionan,
y en las manos de un tiempo con heridas.
Desnuda
Sola, apenas quieta,
la envuelve un suave olor
a violetas, a cortezas,
a hojas que han caído.
Sola, apenas quieta,
la fiebre roza su incipiente desnudez.
Los claros ojos
miran su belleza y la comparten.
Su mano busca
dar gozo al deseo que despierta
y descubre lentamente
los huecos del placer.
Sola, apenas quieta,
la virgen espera
el momento del saber.
No tu palabra
Tu palabra no,
son tus besos los que a veces me perdonan.
El dolor de haber perdido
se apagó por un momento entre tus brazos
y fueron esa vez
tus pechos el puerto de mi viaje.
Y quise en tus caderas
ser la magia amanecida en aquel barrio.
Todo en vano:
en mi barca hay más bondad
pero menos valentía
y tus besos ya no saben a malvones.
Tu palabra no,
son tus ojos los que a veces me perdonan.
La mano de mi padre
Sobrevive la figura de mi padre
en la oscuridad
de un horizonte devastado.
Borrosa. Lejana.
Empañada por el llanto
y un camino hacia el vacío.
Mirando alejarse al mensajero
que busca el faro.
Evoco su figura triste,
ahogada la alegría
en la vuelta imposible.
Y este punzante don del recuerdo
trae su mano abierta,
curtida en la magia del vivir,
como si fuera la mía.
En las tardes oscuras de mi otoño
la cálida mano de mi padre
sigue diciendo adiós
desde los muelles.
Albada
Cuando deslices tu sombra
entre los brillos de un agua quieta,
te diré sin prisa
que amanece con pereza,
que el rumor
todavía no es voz
y que el sueño
aún habita en nuestras vidas.
Ven
y deja que el día
se asome sin eclipse.
Quítate el frío de la albada,
curiosea en mis recuerdos intangibles,
mata mi nostalgia con tu gesto
y dime que aunque muera
el sol
volverá a salir cualquier mañana.
Destierro en la familia
Mis pasos ciegos
salen perplejos de la gruta.
Los relojes hace tiempo
que agotaron su rutina
y todo está igual a mañana,
a mi infancia,
a mi despertar.
Un pañuelo rojo,
una copla,
un tulipán.
El goce de un sí.
El goce de un no.
Andar descalza por la calle,
saludar a los fantasmas y a los niños,
bailar frente a un espejo
que me lanza en un vuelo con jilgeros,
tejer con el hilo de un trapito
el sueño de mujeres
que descubren vidas.
Romper silencios con letrillas
que el monstruo no comprende.
Pero el grito de mi padre
quiebra el cristal
y hoy no sé qué prometí.
Mi vida crece
en el hueco de la espera.
Sólo miro el horizonte
que dibujan los barrotes,
sueño con pañuelos,
estrofas, tulipanes…
me quito los zapatos,
fantaseo con la luz de los espejos
y espero que me traigan
las cuatro pastillas de colores.
Biografía
El pétalo blanco
de la flor etérea,
desaparece una noche
casi cálida
y dibuja su huella fugaz en la tierra.
El soplo es un heraldo de la muerte.
Pero nacerá el fruto verde
para sangrar
en cereza adolescente
y entonces sí,
morir en el otoño
del huidizo eclipse.
La nieve
Sorprende ese silencio
de orquesta con sordina,
la imposible lentitud de su caída,
la luz acolchada en los reflejos,
la transformación del árbol,
una paz engañosa,
la primavera oculta,
la tenue perdición,
la fragilidad de su tiempo,
lo efímero del núcleo.
Mañana todo será
huellas troqueladas.
Sentencia suprema
La caspa motea la toga
y el olor rancio se pega a las carnes.
La fetidez del aliento
dicta sentencia
sobre una báscula trucada.
El martillo revienta un grano
y el pus invade la sala.
Todo sigue en orden.