A la mujer de una foto

Querría haberte conocido
cuando tus ojos eran tristes y lejanos
como si eternamente miraran al mar.

Entonces dibujabas
un hilo de sonrisa en la ventana
entre las gotas de una llovizna muda
y el anhelo que empañaba los recuerdos.

Querría haberte conocido
cuando el tren partía
en la vorágine de un beso y la esperanza
y dejaba los amores en andenes oxidados.

Entonces
una acuarela de quebranto
se acercaba a la sombra de tus párpados
y grababa para siempre las escenas de la guerra.

Querría haberte conocido
cuando mi voz decía en un susurro
que siempre habría un sol en tu sonrisa
y dos atardeceres en tus ojos.

La visita

Con la sorpresa que guardan
algunos días tontos
llegas de la mano
de un pequeño vals de octubre.
Te quedas dos, tres días
y luego vuelves
al refugio de una vida
cerrada a mis recuerdos.
Despierto risueño
aunque el soplo de tu voz
perdida en un poema de otro siglo
me susurre que serás siempre una ausencia.

Pensares (I)

1. Recostada en la pasión,
sin navegante
la barca vuelve al sueño de la frase.
La palabra habita huérfana
en los labios del que ama.

2. Errante, la hoja desprecia
la pasión por imposible.
Tal vez sea el brote
el que mañana
se abrace contemplando
horizontes que se alejan.

3. En el zaguán de la idea
el verso se demora
al cobijo de lo que la palabra calla.
El poema es una crisálida quieta.

4. Atardece y tus pasos
hechizan el camino.
Las huellas arraigan
en el olor del romero
cuando el campo dibuja
una danza con tu sombra.

5. Sin prisa nos va dejando su rescoldo.
Tras el cristal
el hogar adivina un perfume a flor antigua
y la tarde piensa que pronto será el alba.

6. La nada agranda
la aridez de sus fronteras.
Desesperado, el hombre intenta
descubrir nuevamente la palabra
y dar sentido al hueco.

7. Cómo será el hablar de la locura
cuando el invierno deje
su manto de hojas secas
en un espiral de sueños y delirios.

8. Cuando el viento mueve sus pestañas
las hojas que quedaron
del otoño muerto
dibujan una frágil rayuela en las veredas.

9. Mudo mi tristeza
a un rincón del verso que se olvida.
Con pena descubro
que no será más el motivo de mi llanto.

10. No quiero oír más
la canción que enmudece al borracho,
da años al niño,
vacía los arroyos
y desangra al caminante en las palabras.

El cristal

La lluvia cala
en la simiente de una imagen.
Tras la gota
el cristal juega a separar los pensamientos.
Tras el cristal
un niño mira el jardín de la novia muerta.
La tarde se tiñe
del olor que entristece la mirada
suspendida en el beso del ligustro.
También duele el canto
que la lluvia lee en el atril de los tejados.
La danza de las gotas
atrapa al niño en la ventana
donde dibuja un sendero
que cambia con la agilidad de los imanes.
Siempre es otoño
si el orvallo pinta los momentos.
Cuando la noche comience su camino
el farol que tiembla en los reflejos
abrirá un sueño de adoquines.

El olvido

Una serpiente de bruma
desdibuja el intento de evocar.
Se ha borrado el orden
de las habitaciones.
Las lámparas sólo tejen sombras.
Tras un tumulto de ideas
se esconden las puertas.
La cocina,
con el vaho del puchero y los fideos,
se pierde tras algún muñeco roto.
Sólo puedo ver, con dolor fotográfico,
la escalera y el insólito triángulo
que encerraba los juguetes.
Es cruel
sobrevivir a la memoria.
Allí siguen viviendo
los que se han ido
sin decirme adiós.
En el juego de mi tenaz vigilia
puedo llegar a chocar con las paredes
buscando el paso
de mis visiones incompletas.
Quiero descansar
del recuerdo enfermo
que se niega a ser mi compañía.
Me queda la paz de saber
que fui feliz bajo esos techos.
Sigo oyendo los tangos de la radio,
el ruido de las ruedas de un triciclo
y la campana del colegio
no sé si llamando a entrar
o a salir de aquella infancia que me amó.

El pasado

Un murmullo en el oído
acerca el desmayo al hombre.
Alguien, en la penumbra,
pinta el cuadro de una vida
al son de las raídas notas
de la vieja verdulera.
El pájaro mata el vuelo
y espera la luz con impaciencia.
Restos de un juguete
se amparan en el hueco
de los escalones rotos.
La calesita agota el movimiento
y ahora camina hacia el espejo
donde un caballo mudo
llora la pasión del carro.
Me busco en la nube
y descubro que no hay niños
jugando al escondite.
Entonces quiero llorar
la única ausencia que me duele
pero mi rostro vuelve a ser
un hueco en la memoria.

Poder

Me transporta a algún lugar
donde el color de la angustia
escupe asilos en el pecho

o donde alguien mira feliz
un ignoto amanecer
en la isla de palabras

o donde la muerte pasó
y dejó un páramo de penas,
la doliente maldición del viudo,
el olor a pasos de hospital,
el beso seco

o donde el salto es la sonrisa
de la hermosa criatura
que nos mira triunfando
a través de nuestros sueños

o donde un hálito
imagina el crimen
entre las hierbas malditas
de la mujer que no me amó.

La nota huye
del arco mandamás
y canta la canción de siempre,
la que murió en los labios del poeta.

Todavía es posible

Todavía es posible
robarle al calor la mediatarde.
Es posible
el lánguido morir de los domingos,
la danza que despierta en la escalera
y el peldaño roto.
La sombra de algún sauce,
la lluvia, un viaje y el origen.
Es posible
la frescura del agua en la montaña,
el olor a la flor de la mosqueta,
el grito lejano del arriero.
Y hasta el bullicio en el bar.