El consuelo

Aunque un día evoques
los poemas que las manos dibujaban en el aire
o el paseo al amparo de una orilla
o aquel vino que reímos inconscientes.

Aunque en alguna siesta amodorrada
abras el cajón donde duerme tu cuaderno
y encuentres la huella
de los senderos olvidados.

Aunque en tu tranquilo atardecer
yo te sonría desde el árbol-casa
y el pan se hornee con pausa pueblerina
y beses la mano que escribió la carta.

Aunque el tren te anuncie
la llegada a la estación lejana
que entonces guardaba
esbozos de esperanzas y futuros.

Aunque yo pase a ser
un amable despojo en tus memorias
tal vez no te haga daño mi recuerdo
por que nunca sabrás cuánto te quise.

Inusual

En el portal
de los otoños mustios
esperé con anhelo a mi tristeza.
Pasaban aguas
y hojas navegantes,
pasiones enfundadas en torpezas,
años rotos,
asombros robados al hastío
y también alguna golondrina
arqueando cielos y tormentas.
Un feriante de misterios
me dio a entender que no vendría.
Entonces
yo arrugué mi espera
en el borde del camino,
seguí tras la huella de mis pasos
y pinté en mis labios fatigados
la suave curva que ilumina a los infantes.

La muerte del poeta

La tarde cae desde la nube quieta.
Un cielo absurdo
llueve la calle desierta
y la oscuridad avanza
entre farolas ahogadas.

La noche y los cerezos persiguen una luna
que arriesga sus blancuras
apostando la inercia en las tertulias
donde el poeta muere en el verbo.

Y el verbo, atiborrado,
se sacude de sílabas y versos,
piensa en los juglares
y añora el orden de las letras en las filas.

Un olor de pájaros vagando
da nombre finalmente a la distancia.

Es posible

El ojo del hambre mira
por la ventana rota.
El zapato
dejó de estar en el niño
y sus pies vagan
por la comida muerta.
El viejo busca
entre restos
los años que le quitan cada día.

En las calles
miles de rostros esperan la limosna
hasta que una boca grita
y las miradas se encaminan a otras luces.
Y el grito se repite
y silencia a la sirena
que anunciaba la llegada
del orden y el respeto.

La mirada exacta

La inquietud la sonroja
con mezcla de delito y desconcierto.
El temor por el devenir ignoto
puede más que la costumbre.
Siempre el mismo gesto
anuncia el imprevisible final.
A veces el peso la aplasta
y el aliento
apesta a sombras inquietantes.
A veces es ligero,
hermoso,
sin un dejo de tormenta
sino el cálido paseo
por aromas ignorados y excitantes.

Sentada, la silla mira
la llegada de la próxima visita.

Ejercicio deseado

Amarte entre colibríes quietos,
hablar de tí en las nubes de uva,
decirte versos de poetas que se mataron
entre dunas que migran ciegas,
vaciar de besos tus cerezas dormidas,
acudir cada siesta a la cita de tus ojos,
oler los azahares en tu pelo,
acunar el grito que nace en el suspiro.

Tormenta

Ahoga el cielo
una extraña paz inquieta.
Se hace noche
la hora de la siesta.
No hay viento
y un temblor turba a la espiga.
La pálida nube
muestra su garra oscura.
El pájaro esconde su vaivén.
La mariposa huye.
Han callado las cigarras
y las ramas quedan presas del silencio.
El sombrío valle
se tensa en una lenta inspiración.
Y luego
nada es lo que fuera hace un momento.
Suplica la raíz,
grita la hoja
y el agua
rebota contra el charco que ella engendra.
La tarde es trueno, fulgor,
lluvia y destrozos.

Casi así
fue tu amor entre los lirios.

Tu llegada

Sentado en una mesa sin fronteras
espero a que llegues con la bata descosida,
los zapatos con cordones malatados,
tus medias cortas,
tus cejas largas,
una pinza de ropa en la camisa,
en tu pelo una sortija,
un gorrión con el canto de un jilguero
empollando un galgo en tus palabras,
tu culto antiguo
de hablar bajito,
de bajar hablando,
de valsear silbidos,
de silbar bailando,
de morir prontito
y vivir volando.
Confío
en que dejes tres pasiones en la copa,
un dibujo,
un hilito de tu ropa,
la sonrisa en un espejo,
la bolita de pan sobre la mesa,
la cuchara zurda
y el malvón de aquel recuerdo en la ventana.

Pobre música

Pobre música que suena para nadie.
Tristes borrachos que no bailan
y mujeres que no ríen en los bares.
Y los bares que se cierran
oscuros en su pena.
Pobres los payasos de sonrisa congelada,
y los niños que no entran en el circo.
Nadie llora en la ginebra.
El gato rasga su reflejo.
Hay vacíos que se llenan con silencios.
Hombres que alimentan la mentira
de las hembras que se cruzan en su historia.
Novios fallidos. Vidas huecas.
Pasados que no existen
se alejan caminando por la calle.
No hay nadie que pronuncie
la palabra soledad.