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El labio en la roca
«El labio en la roca» es un libro de poemas que escribí durante el 2017. Lo he editado en forma digital y os lo podéis bajar gratuitamente del blog en la página «Descargar mis libros». Como aperitivo aquí va el primer poema del libro:
Detener el vuelo
Detener el vuelo
y posarse en la vida de la roca
por donde mana
el agua del desierto.
Besar la piedra
y descubrir que sonríe
con la paz de una madre.
Descifrar la raíz
oculta bajo un manto de liquen
e iniciar el camino
aunque el final no exista.
Obedecer a un dios desconocido
y no amar al hijo.
Creer la leyenda
y así escribir el poema.
El vacío
……………………………………………Para Carlos in memoriam
……………………………………………con todo mi cariño y mi tristeza
Lanzar la moneda
y ver la sombra
en un pliegue de la ausencia.
Nunca más cruz o canto
en esta calderilla.
Simplemente cara
y la triste sorpresa del vacío
que hunde su dolor
en la huella labrada.
En el hueco
sólo nos queda armar el pasado
con la eterna caricia
de los recuerdos.
El verbo del ojo
Reflejar el silencio,
transformarse en el espejo
del que sabe adentrarse,
corromper la belleza
con la luz,
pintar media tristeza,
desvanecerse en la pausa
y despertar en el suspiro,
atrapar la letra
y multiplicar la palabra,
acariciar la ilusión
de que nos mira.
La mujer cansada
Dibuja sombras la tarde
y el bus abandona a la mujer cansada.
Ella sube la cuesta y desde allí lo mira.
El artilugio se aleja
mientras va repartiendo
por calles con casas sin pintar
siluetas de hambre, agravios y fatigas
que son las que pagan las banderas.
Las que otros cuelgan.
Camino, flor y poema
Un camino
olvidó el aljibe
cuando declinó el latir de los pasos,
la flor busca la pasión
de algún abril que la herrumbre oculta
y un verso
quedó sin nacer
porque murió el poeta
o voló la hoja
o el lápiz abandonó la letra.
Bajo el arco iris
Bajo el arco iris
un olor a madreselvas.
La canción echa el ancla
y el marinero ciego
ya cansado de silbar
piensa en el camino.
El cangrejo muere de sed
en la playa que mañana habrá.
Los arlequines bailan desnudos
en una esquina con mago y ajedrez.
Un niño pinta cabras
en botellas que lanza al mar.
El cangrejo, un arlequín,
el marinero y el niño
se sientan a esperar el resplandor.
Escribo poesía
Escribo poesía
no porque el poema
sea la única verdad
o la máxima expresión de la belleza
o una fuente inagotable de energías positivas.
Tampoco para que me llamen poeta.
Y no creo que escribir poesía
sea un acto especialmente sublime
ni que eleve mi espíritu
a un estado puro de armonía.
Simplemente
me gusta estar sentado en un jardín
e intentar describir lo que sucede.
Mi formación
He leído a León Tartipekti,
a Simpret, a Solden,
a Cridondo Ruiz,
también a los dumotistas,
a los intelesios y a los que participaron
de aquella experiencia magistral
que fue la Tertulia del Maipochez,
el mugriento bar
de Santín y Lapreda
en el que a desgano se reunían
algunos de los eximios embajadores
de la generación del 3.
Ahora, después de tantos años
me toca dilucidar
cómo pude hacer
este acopio de lecturas
si ninguno de ellos escribió nada
y tampoco tuvo la suerte de existir.
Será porque de algo se alimenta
un intelectual que se precie.
El mañana
El mañana pasó
vestido con los pétalos secos
de lo que fue una flor.
También lucía
un orgullo masacrado,
un sombrero sin canas,
un reloj que marca las dos
y el poema que algún día escribirá.