Umbrales

Se confunde el umbral de aquella casa encantada con el de tu cuerpo cubierto por una sábana con rayas rojas y azules. Pero el umbral de tu cuerpo no tiene ahora color posible ni tan siquiera el de esa sábana cuyas rayas ya no son rojas y azules. Son transparentes. Son incoloras. Casi no son. Entonces me decido a buscar otros colores pero no encuentro con qué crearlos. Ni luz ni pigmentos ni sombras. En el umbral de tu cuerpo espera una figurita de barro. Como en aquella casa encantada. El umbral de la casa encantada y tu cuerpo se apagan en el incomprensible mar de mi pobre cerebro castigado. Y yo debo huir de mis serpientes. Distraerlas. Apagar las pocas luces que quedan para que desaparezcan. Una vez lo logré. Fue hace mucho tiempo. Llovía. De golpe la lluvia se hizo torrencial y apagó los colores y con ellos desaparecieron las serpientes. Pero siempre vuelven. Y cuando vuelven yo estoy perdido en este mar sin colores y sin peces. Un mar apagado y viscoso en el que de nada sirve nadar. Prefiero quedarme quieto y esperar esa ola inmensa que arrastra todo y todo lo mezcla. Me acostumbro a ver dentro de esa amalgama de cosas caras como las del gato negro de ayer, el de la panadería. Ahí está y parece que sonríe aunque los gatos nunca sonríen. Me está mirando y sé que piensa que él es mejor que yo. Él es dios y yo ni siquiera un perro. Me da miedo ese gato y me voy. Pero es difícil encontrar la puerta por la que salir de ese mar. Y entonces veo el umbral que nuevamente se confunde con el de tu cuerpo cubierto por una sábana con rayas rojas y azules.

Ese mar

————————————¡Ay, mi dulce amor,
————————————ese mar que ves tan bello es un traidor!
————————————Cancionero Asturiano

Mira la línea lejana
y el vuelo ondulante
que habita el paíño,
allí donde un barco embrujado
acechaba al pez que huyó de la red.
Mira la nube que traerá otra tormenta
sin barco, sin pez, sin red y sin barquero.
Y van pasando las horas
hasta que el farol
enciende el camino
a esa casa que ahora es soledad.

Las fotos

Parece que sólo fueran nombres.
Cuatro, cinco, seis letras.
Sólo letras, sólo nombres.
Algunos tienen la té
como Tárek
o seis años como Abdel.
O cuatro como su hermana Hana.
Otros llevan gafas
como Samira
o pelo largo y rizado
como lo lleva Souad.
Pero siguen siendo
sólo letras, sólo nombres.
En todos hay un pasado
y mientras llega el futuro
todos aman, ríen y caminan.
Pero si miras bien
esa mancha casi imperceptible
que en cada uno de ellos
borra una peca
o tuerce el gesto
o no deja ver el ojo
es la marca de una bala.

Este poema pertenece al libro «Trece poemas por Palestina» que te puedes descargar libremente en https://paramiuncortado.blog/descargar-mis-libros/

Vidas

De tu mano
camino el perfume
de los álamos plateados.
El barrio es de algún puerto
de aquí, de allá
o que no existe.
Se juntan
un olor a sudestada,
esa calandria que habitaba los estilos,
la brisa del mar
y la errante golondrina
que va y que viene
y anida en la hornacina atea
para hablarme de otros vientos,
otros soles.
De tu mano
camino el perfume
de los álamos plateados.
De golpe la calandria huye,
se abre el silencio,
la golondrina desdibuja su camino
y nosotros trenzamos
los bordes de una manta
que abriga nuestros sueños.

Valencia 2024

Dicen que en medio de la calle
hay un pupitre.
Hubiera sido una hermosa imagen
si cuatro niños con la ropa seca
lo hubieran llevado allí
una mañana de sol
bajo la risueña mirada
de una maestra
con la ropa seca.
Dicen que hay también
un trencito de madera
y varias fotos en sus marcos
flotando en un charco.
No hay niños.
Tampoco está la maestra.
No hay padres.
Más allá
una nevera sin puerta
deja ver seis naranjas
y tres bistecs
que María no tuvo tiempo de preparar
mientras su ropa estaba seca
y esperaba la vuelta
de sus niños del colegio.
Sentado en el lodo
el padre de María mira sin ver
el imaginario punto del horizonte
donde el sol acarició mares
y arroyos en sus cauces.
El padre de María no recuerda
los días en que su ropa estaba seca.
Su memoria vaga
sumergida en un torrente.

Palabras lejanas

Algunas tardes cansado,
también un poco triste
y puede ser que en otoño,
desciendo por la escalera del tiempo.
En el paisaje brumoso
hay una casa de tejas
con el hogar siempre humeando,
una cama provenzal
y el rincón de los juguetes.
Mis padres se acercan
y algo quieren decirme.
Los miro con inquietud
hasta que ellos comienzan
a responder las preguntas
que hubiera querido hacerles.
Pero ya es tarde
y no entiendo lo que dicen.
Los años se han llevado
el idioma de la infancia.

La mujer y la muerte

Ojalá la muerte venga sola.
Con ese silencio
del que hablan los poemas.
Con la oscuridad
de una paz sin destellos.

Ayer
un cielo gris
inundó mis ojos
y borró la sonrisa.
Hoy me alejo del tiempo
que empañó mis días
y los sembró de aullidos,
de garras y tormentas,
de un cansancio antiguo,
de un dolor de vida,
de una herida que me habla del amor
que una vez creí tener.

Trece poemas por Palestina

Desde https://paramiuncortado.blog/descargar-mis-libros/ puedes descargarte mi libro «Trece poemas por Palestina», un pequeño homenaje a ese pueblo que el Estado de Israel invade, saquea y asesina con total impunidad desde hace 76 años.

El despertar de la piel

Desde https://paramiuncortado.blog/descargar-mis-libros/ puedes descargarte mi libro «El despertar de la piel» con poemas como

Mundos lejanos

Nunca apacigua
esperar al rendido escarabajo,
al gorrión que reclama
su dosis de jugar,
a la hoja que mira su caída.
En la búsqueda están
las albas azules
para revelarnos
que ellos son los perfectos,
los imposibles,
los que nunca llegaron.