El cristal

La lluvia cala
en la simiente de una imagen.
Tras la gota
el cristal juega a separar los pensamientos.
Tras el cristal
un niño mira el jardín de la novia muerta.
La tarde se tiñe
del olor que entristece la mirada
suspendida en el beso del ligustro.
También duele el canto
que la lluvia lee en el atril de los tejados.
La danza de las gotas
atrapa al niño en la ventana
donde dibuja un sendero
que cambia con la agilidad de los imanes.
Siempre es otoño
si el orvallo pinta los momentos.
Cuando la noche comience su camino
el farol que tiembla en los reflejos
abrirá un sueño de adoquines.

Inusual

En el portal
de los otoños mustios
esperé con anhelo a mi tristeza.
Pasaban aguas
y hojas navegantes,
pasiones enfundadas en torpezas,
años rotos,
asombros robados al hastío
y también alguna golondrina
arqueando cielos y tormentas.
Un feriante de misterios
me dio a entender que no vendría.
Entonces
yo arrugué mi espera
en el borde del camino,
seguí tras la huella de mis pasos
y pinté en mis labios fatigados
la suave curva que ilumina a los infantes.