La lluvia cala
en la simiente de una imagen.
Tras la gota
el cristal juega a separar los pensamientos.
Tras el cristal
un niño mira el jardín de la novia muerta.
La tarde se tiñe
del olor que entristece la mirada
suspendida en el beso del ligustro.
También duele el canto
que la lluvia lee en el atril de los tejados.
La danza de las gotas
atrapa al niño en la ventana
donde dibuja un sendero
que cambia con la agilidad de los imanes.
Siempre es otoño
si el orvallo pinta los momentos.
Cuando la noche comience su camino
el farol que tiembla en los reflejos
abrirá un sueño de adoquines.
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Otoñal
Y un día los castaños
comenzaron a virar.
Los ojos eran
atardeceres lentos.
Los pies,
sendas con hortensias mustias.
Y el mar,
un sol roto danzando
abrazado a la barcaza.
En el hogar
el fuego agotaba
las hojas del eterno almanaque.
Inusual
En el portal
de los otoños mustios
esperé con anhelo a mi tristeza.
Pasaban aguas
y hojas navegantes,
pasiones enfundadas en torpezas,
años rotos,
asombros robados al hastío
y también alguna golondrina
arqueando cielos y tormentas.
Un feriante de misterios
me dio a entender que no vendría.
Entonces
yo arrugué mi espera
en el borde del camino,
seguí tras la huella de mis pasos
y pinté en mis labios fatigados
la suave curva que ilumina a los infantes.
Biografía
El pétalo blanco
de la flor etérea,
desaparece una noche
casi cálida
y dibuja su huella fugaz en la tierra.
El soplo es un heraldo de la muerte.
Pero nacerá el fruto verde
para sangrar
en cereza adolescente
y entonces sí,
morir en el otoño
del huidizo eclipse.
La hoja y el fado
Suena un fado
y la hoja cae del viejo roble.
Ya hay otoño
en el color ocre
del melancólico hechizo.
Cuando la hoja roce el suelo
la nota, todavía pendiente,
esperará la callada lágrima
que dé voz a la tristeza del roble desnudo.