Pido disculpas por esta ausencia de 15 días. Tuve que viajar a Buenos Aires un tanto precipitadamente ya que Mirian, mi madre, no se encuentra bien de salud.
Ya estoy nuevamente en casa dispuesto a reiniciar estos «diálogos literarios»…
Pido disculpas por esta ausencia de 15 días. Tuve que viajar a Buenos Aires un tanto precipitadamente ya que Mirian, mi madre, no se encuentra bien de salud.
Ya estoy nuevamente en casa dispuesto a reiniciar estos «diálogos literarios»…
Hace unos meses, en una reunión de Teatro por la Identidad, Lidia, Lucila y yo estábamos enfrascados en alguno de los temas que habitualmente nos preocupan. En un momento dado, no recuerdo por qué, Lucila dijo «Sí, allá donde dobla el viento».
Pese a mi muy larga colección de años acumulados nunca había oído la expresión (la ignorancia es atemporal). Me gustó mucho y me pareció muy poética. De ella nació esta obra:
Donde dobla el viento
A Ire
Allá donde dobla el viento
y el granado seca su fruto partido,
la vid se vuelve pasa,
la hiedra trepa por las piedras del muro roto,
y yo camino hacia un ayer
que me invento en cada paso
por veredas de nostalgias que no han sido.
Allá donde dobla el viento
algo alcanza a repetirse,
algo muere en la aurora,
algo estremece el dolor del caminante.
Allá donde el viento dobla
estás vos,
tu pausa
y tu amor tendido en una hierba
que endulza al sol sus esperanzas.
Es la huella de una sombra.
La voz amordazada.
La mirada ciega.
El llanto en las ascuas de una risa.
El gesto torvo.
La esperanza oxidada entre vacíos.
El gusto acerbo del despertar inquieto.
Un grito en las tinieblas.
El dolor que suspira.
El tiempo.
La palabra
manchó de rojo el silencio.
La voz era bronca,
roída por los años tras la reja
en la humedad lóbrega,
en el dolor del susurro preso.
La palabra
manchó de rojo el silencio
y se oyó,
bronca, gastada.
Pero se dijo
y la voz, casi muerta,
sonrió.
La ciudad
abandona al barco con el paso trémulo
….de los padres heridos.
Aleja a los hombres y los muelles,
congela el llanto,
desvanece edificios testigos de vírgenes amores,
silencia sus calles
hasta que el árbol se confunde con la nube
y todo queda a merced de la memoria.
Entonces se vislumbra
el exilio en nuestras manos,
comienza el recuerdo
y nos volvemos habitantes del destierro.
Y bueno…
pusimos en la báscula del tiempo
histeria y verdades,
miedo, placer,
algún poema.
A veces se gana
y otras no.
Digo yo que alguno habrá perdido
o tal vez
ninguno fue el dueño de los triunfos.
Tu cuerpo
se veló con la nostalgia
y el mío
se te hizo un pensamiento.
En Amsterdam
un amigo borrachin
bebe cerveza en el parque
donde no se puede beber.
Y cuando mis otros amigos
cantan Imagine
él se aburre
y se acuesta en el banco a dormir.
Mis amigos de Amsterdam
no son de ninguna parte
porque vienen de cualquier lado
y quién sabe a dónde van.
No hay extranjeros,
no hay nacionales,
no hay religiosos
no hay descreídos.
En Amsterdam
cruzo la calle por un canal.
Los tulipanes
crecen en barcos con lavadoras
junto a la gente que toma el té.
En Amsterdam vive Ana
entre los muros
de una casa que ella escribió.
En las fotos oigo su voz
y en la cocina
el ruidito del tenedor.
Así es Amsterdam en primavera:
nunca ha existido pero ahí está.
Inquietante.
Profunda.
Inquisidora.
Amarilla.
Muda.
Nos sumerge en el sombrío silencio de los tiempos.
Hay algo sabio en su secreto de esfinge viva.
Palabra sin letra.
Signo que interroga.
Farol de esquina
en la calle de la sombra.
Equilibrio del triángulo
con algo de final.
Casi la paz inquieta.
La mirada del búho
escatima las respuestas.
Yo erotizo,
tú erotizas,
él erotiza,
ella erotiza,
y Eros,
con los labios apretados,
ríe.
Cuando no haya hasta mañana
ni luego ni después
ni nunca ni más tarde
ni tan siquiera un segundo y voy.
Cuando todo sea ahora,
ya y casi fue,
la muerte y la vida
serán sólo un instante.
No habrá espera ni tardanza
ni pausa ni viaje ni estación.
Y el café ahogará su pena en la cuchara.