La tristeza no nubla la hermosura
de esos dos rostros cansados.
De pie en el descanso del vagón
el silencio susurra un drama en sus oídos.
Sobran la lágrima y el grito.
El dolor, como un gusano frío,
horada la blancura con un trépano lento.
Miran el túnel
y esperan la estación que nunca llega.
Sus palabras son la mirada suave,
casi en paz con la angustia
que las funde en el abrazo de la queja muda.
Mi sombra es un intruso que comparte su quebranto.
¡Qué imagen!
Sugiere muchas cosas: auswichtz, una película que acabo de ver y que te recomiendo:Language of the enemy.
Amor, hermosura. Tristeza.
Siempre la tristeza.
Los viajes en tren son un inagotable libro de poemas. Vi a esas dos jóvenes hace un par de años. Me impresionó la belleza, la tristeza y la inmensa paz que había en sus rostros y en su abrazo.
Este poema es como esas historias que escucho al pasar. Empezó sin mí, seguirá sin mí por un camino bifurcado del mío, atrapé un instante de su curso por azar, y ya no puedo olvidarla. Nos cruzamos un momento, y mi historia quedó enganchada con su historia sin que ellos lo sepan. O sí. O sí lo saben, y también sienten que ya nunca seremos como antes.
Cada mirada hace que ya nunca seamos como antes. Y eso no siempre es malo…