Tal vez un día,
en agosto,
no sabré
si es mi frío o tu verano
el que me hace pensar en una historia
de arlequines, de magia y de acrobacia.
Tal vez aquella tarde
debí decirte adiós
y dejar entre papeles de colegio
mi rito adolescente de querer.
Tal vez aquella noche,
caminando por la cuerda de un ensueño
y ebrio del ayer,
debí dejar de ser
para olvidarte.
Archivo de la categoría: El libro y el poeta
Mis ojos te hacen
Mis ojos te hacen como quiero verte.
Del olvido sales
sin saber que te miro.
Y te amo así:
muda de historia,
con la pasión del que ignora tu pasado.
Cosas que imagino
La dorada aldaba
recorre en sueños
viejos zaguanes
donde la seducción mora
a resguardo del pecado.
El verano en la cancela
acaricia a los perros indolentes.
Golondrinas parloteando
ajenas al artista solitario.
Aguas vanamente cristalinas.
Grutas en maderas rancias.
Los espejos devuelven
figuras hermosas
y una música lejana
arrulla algazaras de gitanos,
Safo descansa
y Antínoo intuye su pasión.
El árbol enano intenta
rascar la guata de una nube.
Un beso se pierde
en el arrebato de lavandas.
Julio llega en el frío del sur
durmiéndose en la siesta del estío.
El romero destila magia
en la mano de aquella morena que sonríe
y acaricia la estrella fugaz.
Todo se junta en un tronco
seco por los años de la imagen.
Y yo sigo jugando al escondite.
Metafísica en el rostro
Su rostro inabordable
sólo deja presumir
que medita hondamente
en algo que insume el esfuerzo de pensar:
la crisis de valores
de esta época angustiante,
el grave conflicto entre dos generaciones,
la esencia del ser y la realidad que lo circunda,
la incoherencia del discurso del poder
o la grave molestia
que le provocan los zapatos nuevos.
Los dos.
Cúspide
Detrás de la seda
las señales y los guiños
avivan los deseos turbados.
La idea retoza entre los poros
al son del máximo momento
que se demora recorriendo el goce.
La yema apenas toca
algún pequeño monte,
una sola suavidad,
la demencia de algún hueco,
el fugitivo que no corre.
De un momento a otro
lo impensado estará sobre los pliegues
resbalando entre gotas,
adentrado en el camino
que descubre cada vez que lo transita.
La serpiente devora la crisálida
y la mariposa suspira
su último deseo.
El vuelo se ahoga en el viento
junto a la flor reciente
que estalla en peces de colores.
Mientras detrás de la seda
las señales y los guiños
abandonan la idea
cuando el máximo momento
entra al sueño del recuerdo.
Voy a vivir
A Ire
Voy a vivir
para que el gesto de mi amor
esté siempre en tus palabras.
Voy a vivir
entre tus manos roncas de caricias
y en tus besos que se encienden mansamente.
Voy a vivir
para un día, cansado de mis artes
morir entre tus artes atrapado.
Era
Era un acúmulo de pasos,
una hierba veraniega,
el beso en un portal oscuro,
un jabalí en la noche de las trufas,
un ansia de seguir viviendo,
un colibrí.
Era un exilio amortizado,
un futuro colmado de recuerdos,
el beso que amanece,
el amor que vive agonizando,
la maldición,
el barrio que se muda desolado.
Era un rincón sin paredes,
el agua en la pecera seca,
el beso en la pasión fugaz,
un terciopelo,
un seis con cinco en cuatro,
la colección de fotos.
Era la película de un niño,
un aura sin presagio,
algo trivial,
el ojo que mira la sospecha,
el inquietante rumor,
la magnolia sin fragancia.
Era el fulgor agazapado en la tiniebla,
una presencia,
el beso que renuncia a la caricia,
la grieta en el desvelo,
el rocío de la hora que despierta,
el silencio de la nieve.
Era tu arte
y tu sombra durmiendo entre las rocas,
tus besos jugando al escondite,
tu gesto en la distancia del ausente,
tu paz en la guerra del ocaso.
Eras vos cruzando la alameda.
La historia se reduce
A veces
la historia se reduce a una foto,
al estrépito de una lágrima,
a un libro,
a la carta que llegó tarde,
a la espada del soldadito de plomo,
al güisqui solitario
y a toda una pléyade
de papeles rotos.
Es entonces
cuando dejan de existir los héroes.
Dos poemas a mamá
El testigo
Ayer
la muerte visitó al testigo.
Con tres golpes de plumero
le recordó
que hace tiempo había partido.
Ayer
se acabó la vigilia estéril
y el fin dio comienzo al fin.
El testigo
no presenció su trance.
Hace tiempo había partido
y ciego,
no veía el sacrificio.
Ayer
murió el nacimiento,
el niño se hizo viejo,
calló el saber
y no pudimos atrapar la idea.
Lamentablemente
Sigo siendo,
como siempre me enseñaste,
un irredento ateo.
Hoy quisiera
renegar de ello
aunque más no fuera
por un solo instante.
Pero no puedo,
y mucho menos por conveniencia
y entonces
me despido de manera irremediable.
Y te digo
adiós,
no te veré más,
nunca más,
tú te has ido
y yo me quedo aquí
sin poderte preguntar
si Luis fue compañero de papá.
Acúmulos
Albas rojas,
vinos que se beben los ocasos del otoño,
noches perdidas en mares ocultos,
retratos antiguos y mujeres buenas,
niños que corren por infinitas playas,
puertos desiertos que miramos partir
sin barcos, sin timones y sin remos,
besos que no llegaron,
pétalos encerrados entre las hojas de un libro,
versos que leímos en días tempranos,
caricias que ardieron en dedos inquietos.
El incesante recuento
se agranda día a día
junto a la huella de nuestros pasos.