Siempre los mismos

Es él. Lo conozco. ¡Y tanto que lo conozco! Ese día de enero de 1941 estaba acompañado de otros soldados. Pero no lucía ropa azul ni casco ni escudo. Vestía un uniforme gris. Me ordenó subir a un tren que me llevó a un infierno con olor a carne quemada y rodeado de alambre de espino.

Años más tarde, empujó a un joven por una ventana de Laietana mientras a mí me torturaban en la misma habitación.

Luego lo vi en Vietnam. Llevaba ropa de color verde oliva. Era el que me encerró en una jaula y cada noche me colocaba agujas debajo de las uñas.

En Buenos Aires iba con ropa de civil. Todos iban de civil. Me obligó a subir a un Falcon y comenzó a golpearme. Y luego siguió en la comisaría. Con más saña. Mucha más. Muchísima más. Picana elécrica, submarino, simulacros de fusilamiento.

Y ahora, tantos años después, lo veo exactamente igual. Con la prepotencia del imbécil, la que surge de la fuerza bruta. Demostrando lo bien que aprendió las lecciones de la academia: reprimir, torturar, golpear, matar. Pero esta vez ejerciendo sus dominios en las calles de Madrid, chuleando con la valentía que le da un arma y el estar rodeado de bestias como él frente a gente desarmada, ancianos, mujeres, jóvenes que piden la devolución de lo que les han robado.

El consuelo

Aunque un día evoques
los poemas que las manos dibujaban en el aire
o el paseo al amparo de una orilla
o aquel vino que reímos inconscientes.

Aunque en alguna siesta amodorrada
abras el cajón donde duerme tu cuaderno
y encuentres la huella
de los senderos olvidados.

Aunque en tu tranquilo atardecer
yo te sonría desde el árbol-casa
y el pan se hornee con pausa pueblerina
y beses la mano que escribió la carta.

Aunque el tren te anuncie
la llegada a la estación lejana
que entonces guardaba
esbozos de esperanzas y futuros.

Aunque yo pase a ser
un amable despojo en tus memorias
tal vez no te haga daño mi recuerdo
por que nunca sabrás cuánto te quise.

La mano de mi padre

Sobrevive la figura de mi padre
en la oscuridad
de un horizonte devastado.
Borrosa. Lejana.
Empañada por el llanto
y un camino hacia el vacío.
Mirando alejarse al mensajero
que busca el faro.
Evoco su figura triste,
ahogada la alegría
en la vuelta imposible.
Y este punzante don del recuerdo
trae su mano abierta,
curtida en la magia del vivir,
como si fuera la mía.

En las tardes oscuras de mi otoño
la cálida mano de mi padre
sigue diciendo adiós
desde los muelles.

La anciana y el cortejo

Arrastra el luto y los pies
entre piedras que esconden
memorias esclavas.
Una ausencia tiñe
la mirada errante.
Susurra los nombres
al son de una antigua canción marinera.
Gasteiz, Grimau, Ruano,
Grimau, Ruano, Gasteiz,
Subiendo la cuesta traspasa el cortejo.
La cruz, el obispo,
los santos codazos,
el fervor gazmoño.
El lienzo que cubre la impudicia muerta
agita balas ciegas,
miembros rotos,
cráneos machacados.
Es una tela con hedor a olvido.
La voz susurra los nombres
que se alejan del muerto y la murga.
Gasteiz, Grimau, Ruano,
Grimau, Ruano, Gasteiz.

Cada vez más lejos
resuena la antigua canción marinera
y la anciana piensa que cuando amanezca
buscará la tumba del verdugo muerto
y sobre la losa escupirá tres veces.

Tengo un amigo

Para Ariel en sus 60 septiembres

Lleva barba,
una sonrisa
y a veces se pone profundo.
Compartimos el jazmín de La Lucila,
las arenas de la Villa,
un campamento en San Pedro,
novias que no tuvimos,
el folklore, la clásica
y modelos que se arman
en las nubes de palabras.

Lleva una huella
que aún sangra
en las batallas
entre memorias y olvidos.
Compartimos la oscuridad de un silencio,
el mismo chivato ruin,
la eternidad de su encierro
los dos días del mío,
el miedo, la penumbra, la agonía.

Cruzó el agua
en un arca de Noé
y nos vimos en días inciertos,
sin soles, sin lunas.
Compartimos la certeza
de los hijos del destierro,
las jarcias en la barcaza,
la sorpresa, el desafío.

Cada tanto,
cuando el mar se seca y lo salvamos,
el desconchado espejo
del café de un puerto ausente
nos ve charlar de lo que fue,
lo que quisimos,
lo que murió sin ser
y lo que nace del relato que escribimos.


Nunca saben

Ellos nunca saben nada.
Se les dice:
“Seis millones,
treinta mil que no aparecen”
Pero ellos nunca saben nada.
Lloran después,
cuando dicen que se enteran.
Lloran en los juicios,
lloran en los bares,
lloran en la empresa.
O niegan sin pudor
las cifras evidentes.
Ellos nunca saben nada.
Pero si hay que matar
matan
y si no matan también.

Ya soy

Ya soy es un poema teatral para dos personajes y coro que escribí en el año 2005 para Teatro por la Identidad-Catalunya. Fue estrenado en el primer ciclo, en el 2006. Está dedicado a las Abuelas de Plaza de Mayo, verdaderas autoras del poema.

1-
(el nieto)

Ser
no ser
ser no
ser qué
qué ser
ésser
ser sin ser
res
res
res

el ser
el sin ser
ser sincero
sincer
el no ser
no ser
no sirvo sin no ser
ser él
ser ella
serena
serè
ser él
ser ella
renacer
ser será renacer
no haber nacido no será.

2-
(coro)

Sedienta de ser
lo sigue
sigue
sigue
persigue al ser.
Sedienta de ser persigue.
Y el ser
sin saber
que lo siguen
sin saber
que es un ser.

3-
(la abuela)

Mírame así,
desde lejos.
No apartes tu mirada,
es lo que soy.
Para que pueda buscarte
no apartes tu mirada de mi ser.
Soy ese mirar.
Soy esa búsqueda.
Soy el tiempo pasado en encontrarte.
Soy la memoria labrada día a día.
Mírame así,
desde allá lejos.
Te ves en mí.
Me veo en ti.
Será que siento la sorpresa de tu ser.

4-
(coro)

Ser cuesta
secuestro
secreto
cuesta el secreto del secuestro
ser nuestro
ser ella
ser él.

5-
(el nieto)

Donde el almendro florece en febrero.
La fría flor de febrero.
Flaco favor fisgonear la flor del febrero frío desde el finestral.
Cómo el almendro florece en febrero?
Cómo puede?
Cómo el carnaval con frío?
Dónde el febrero es frío?
La máscara fría del carnaval.
La más cara máscara.
El frío más frío.
El más frío río.
El río más frío.
El río frío que riega el amendro.
I jo tinc fred.
Tinc el fred del febrer mort.
Y el almendro florece en febrero.
I jo tinc el fred de la mort.

Yo soy del carnaval en La Boca.
Que no es carioca.
Es de La Boca.
La máscara fría del carnaval de La Boca.
Te veo por dentro del horrible febrero.
No veo tu máscara.
Eres tú, sos vos, sos tú, vos eres.
Ets tu.
Y yo no soy nadie.
No sóc ningú.
No soy.
No sóc.
Estic i no sóc.
I tinc fred.
Tengo el frío del febrero muerto.
Tengo el frío de la muerte.
Siempre el frío será en febrero.
No quiero máscara.
Ni carnaval.
Soy del febrero.
Un febrero que es agosto.
El invierno es agosto.
Llevaba el carnaval en la boca.
Yo estaba en él.
Yo estaba en ella.
Alguien me llevó al carnaval del invierno.
Alguien me robó.
Y alguien me robó el carnaval de febrero.
El carnaval es invierno.
Siempre será invierno el carnaval.
Y muerte. I mort. Y frío. I fred. I dolor.Y dolor.
Quítame esta máscara.
No quiero carnaval.
No quiero serpentinas que me ahoguen.
No quiero este frío carnaval.
Déjame volver al febrero en verano.
Cámbiame la hora del reloj.
Quítame. Quítame esta máscara.
Quítamela.
Déjame ver quién soy.
Déjame ver si soy.
Si soy yo.
Si yo soy
Quién soy si soy.
Quién fui cuando nací.
Quítame esta máscara.
Dásela a esos dos
para que tapen su vergüenza.
Quítame esta máscara
y que sienta en mi cara la sonrisa y la mirada
y que sea mi espejo el aire de dos vidas.
Quítame esta máscara.
Quítamela!
Quítamela!
Quítamela!

6-
(coro)

Ser dónde
donde cuesta ser
ser él
dónde ser
donde persigue el ser
dónde lo persigue
sigue
sigue
sigue
ser aquí
ser allá
qué ser aquí
dónde serlo
dónde ser aquí
dónde es aquí
donde cuesta ser

7-
(el nieto)

El otro soy yo
otro soy yo
el otro no está
no soy
no sóc
soy hijo
no hay padres
no soy
soy nieto
abuelos no son
no sóc
soy padre
no hay hijo
no soy
soy yo
soy yos
yos
yo
¿¿¿ y ???

No soy
soy no
ser qué
qué soy.

8-
(la abuela)

Querido Ser:
Si pudiera verte en la letra escrita. Si pudiera escribirte en la letra. Si tan sólo durante un momento, un solo momento, pudiera verte en la letra escrita, oírte en tu palabra, en la palabra de ella, en todas las palabras de nosotros. Si pudiera decirte: “sangre de mi sangre, sangre de su sangre, sangre nuestra”. Te busco en la letra, en la palabra, en la sangre. Sé que estás y soy porque te busco.
Hay un antifaz que no me deja verte. Ay, cuando caiga! Qué feliz seré!. Como una madre que acaba de parir. Entonces tal vez ya tengas al nieto de mi hija. Serás un niño adulto. Un niño gigante en los brazos de su abuela.
Y sólo soy si te busco.
Te busco en la oscuridad de la locura. En la calma de las abuelas que los buscan. Te busco en la mirada franca de los ojos de tu madre y en la última sonrisa de tu padre. Y en su lucha por que el alba y el ocaso fueran siempre para todos. Te busco día a día, noche a noche. En el nacer y el renacer de los geranios. En las tardes tranquilas de verano, entre el olor a jazmines de los barrios. En el viento del otoño. En el patio invernal de un colegio con banderas. En el aroma del pan recién horneado. En la brisa de un mar con las fotos de la infancia de tu madre.
……………………………………………………………………………….
Me sentaré a descansar contigo. Habrá dos sillas a la puerta del zaguán. Yo estaré tomando mate y al ratito vendrás vos con la sonrisa de tu padre, mirándome con los ojos de tu madre. A charlar de un pasado que fue trunco.
Y entre mate y mate la memoria nos mirará de cerca, con la paz de haber llegado.
Sólo soy porque te busco…

9-
(el nieto)

Siento soledades
siento silencios
y soy lo que siento.
Rompo silencios
contando mi verdad
para dejar de ser
lo que ahora siento.
Una inmensa incertidumbre
se ciñe sobre mi presencia
como si fuera un presagio.

Soy un silencio solitario
y quiero romper mi soledad contigo.
Eres mi verdad y eres mi historia.
Tienes el timón de este barco a la deriva.
Tienes el sol de la tarde invernal,
la sed del camino,
el florecer de un geranio,
el olor de un barrio entre jazmines,
la hoja que vuela con el viento del otoño
y hasta el mismo viento tienes.
Tenés la estrella de esa noche sin luna,
la nube del secano,
el brote, la leche y la simiente.
Tenés la nota que falta en mi canto desolado,
el horizonte de ayer, el paso perdido, el puerto, la roca y el remanso.
Tenés la voz que a mí me falta.
Y heredaste de tu hija la palabra,
la caricia de una madre,
su pensar, su ser y su saber.
Soy ella en vos.
Soy su herencia.
Soy tu vida hecha memoria.

10-
(la abuela)

No moriré sin verlo. No moriré.
Estaré viva y será en su mirada mi retoño.
Habrá un alba entre los lirios negros.
La brisa de un mar iluminado. Un recuerdo vivo
y en mi rostro tu sonrisa. El olor de un cigarrillo.
El poso de café. La botella de un brindis imposible.
La caricia del compás de tus miradas
y el compás de las pisadas de tu hijo.
Y él dirá, con un hilo de voz suave
para no sobresaltar mi larga espera,
y él dirá, casi en el marco de la nada,
la palabra suspirada, los ancestros,
la sangre de mi sangre y la caída,
dirá estos años, estos siglos,
esta búsqueda que sigue.
Y entonces, en sus brazos, sentiré
el cansancio de estos lustros.
Y podré decirte
“adiós,
ya está conmigo,
ya soy,
ya es,
ya somos.
Ni la muerte,
ni el tormento,
ni el olvido
ni el terror
han podido con nosotras”

11-
(coro)

Sedienta de ser
lo sigue
sigue
sigue
persigue al ser.
Sedienta de ser persigue.
No morirá sin verlo
no morirá
sedienta de ser lo encuentra
no morirá
no morirá jamás
es memoria
la memoria no morirá jamás

12-
(el nieto)

Ya soy yo
soy
yo ya soy
soy
yo soy
ya soy
soy hijo
soy nieto
soy familia
siento el ser en mí
soy el que siento ser
y crece el ser en mi sentir
yo no era
y ahora soy
cada vez soy más
ya no dejaré de ser
estoy aquí
y voy
y vengo
y soy
Ayer sólo un momento fui yo
un cordón que se corta
un grito de sangre en la sombra
sólo un momento fui yo
luego fui sin ser
fui el despojo
el engaño
la mentira
luego fui
sin saber la miseria de mi ser
sin saber mi ser
sin tener
sin poder saber
sin saber del ser de ella
y sin saber del ser de él
sin saber de tu ser
Y ahora ya soy yo
y crece en mi sentir el ser
ahora yo ya soy
ya soy
soy yo
soy la memoria
la palabra
el verbo
y el saber
nunca más seré un botín
un objeto
un rehén
nunca más seré el olvido.