Tormenta

Ahoga el cielo
una extraña paz inquieta.
Se hace noche
la hora de la siesta.
No hay viento
y un temblor turba a la espiga.
La pálida nube
muestra su garra oscura.
El pájaro esconde su vaivén.
La mariposa huye.
Han callado las cigarras
y las ramas quedan presas del silencio.
El sombrío valle
se tensa en una lenta inspiración.
Y luego
nada es lo que fuera hace un momento.
Suplica la raíz,
grita la hoja
y el agua
rebota contra el charco que ella engendra.
La tarde es trueno, fulgor,
lluvia y destrozos.

Casi así
fue tu amor entre los lirios.

La flor del lirio

a mis amigos de Junts

Llevaban una flor
de lirio dibujada en sus cuadernos.
Jugaron en la paz de la ladera,
a la sombra del olivo,
con el carro,
el muñeco roto,
los teléfonos de latas.
La infancia fue grabando
el sabor de los higos y las tunas,
el olor de los azhares,
la caricia de las mentas
en las tardes de verano.

Sin darse cuenta de los días
la vida creció,
se hizo amor en los silencios
y siguieron jugando a ser ingenuos
sin pensar en la pasión de la demora.
Y siempre el lirio en flor.

Ahora
los separan
la bala y el espino
y una línea que hiere los parajes.
Ahora
el dolor lacera los recuerdos,
y piensan en destierros,
en la paz de la ladera,
en los higos, en las mentas
y en el lirio
que se seca en los cuadernos.
https://gabrielalejo.files.wordpress.com/2010/05/florlirio.mp3

El invierno está aquí

Hoy llueve en Valldoreix y las gotas de agua se empecinan en chocar contra la ventana de mi estudio. Me atrapa el ruido que hacen. Y no sólo el ruido. Ya es de noche y las gotitas en el cristal reflejan las luces de las casas vecinas que se amplían y adquieren un aspecto fantasmagórico. Me quedo embobado mirándolas. Luego escribo:

Gotas, luces, pequeños sonidos.
La lluvia me alcanza
casi en la meta de un atardecer distante.
Mi ventana es un cristal voluble
por el que veo luces que palpitan
y tornan la imagen en deseos.
El invierno está aquí
aunque yo me resista a su presencia.
Siempre vuelve,
comparece con su abrigo gris,
su año nuevo, su poda y su sombrero
incapaz de acomodarse a mis anhelos.
Y así y todo
no puedo decir que me disguste.
No deja de ser yo
vestido de frío y de aguacero
cualquier tarde de estas
en un país lejano.