Albada

Cuando deslices tu sombra
entre los brillos de un agua quieta,
te diré sin prisa
que amanece con pereza,
que el rumor
todavía no es voz
y que el sueño
aún habita en nuestras vidas.
Ven
y deja que el día
se asome sin eclipse.
Quítate el frío de la albada,
curiosea en mis recuerdos intangibles,
mata mi nostalgia con tu gesto
y dime que aunque muera
el sol
volverá a salir cualquier mañana.

Destierro en la familia

Mis pasos ciegos
salen perplejos de la gruta.
Los relojes hace tiempo
que agotaron su rutina
y todo está igual a mañana,
a mi infancia,
a mi despertar.
Un pañuelo rojo,
una copla,
un tulipán.
El goce de un sí.
El goce de un no.
Andar descalza por la calle,
saludar a los fantasmas y a los niños,
bailar frente a un espejo
que me lanza en un vuelo con jilgeros,
tejer con el hilo de un trapito
el sueño de mujeres
que descubren vidas.
Romper silencios con letrillas
que el monstruo no comprende.
Pero el grito de mi padre
quiebra el cristal
y hoy no sé qué prometí.
Mi vida crece
en el hueco de la espera.
Sólo miro el horizonte
que dibujan los barrotes,
sueño con pañuelos,
estrofas, tulipanes…
me quito los zapatos,
fantaseo con la luz de los espejos
y espero que me traigan
las cuatro pastillas de colores.

Hoy dejé una luz en la penumbra

Hoy dejé una luz en la penumbra,
y esa luna en un alba que devora,
y aquella flor en las arenas ciegas
que besan las orillas de una sombra.
Hoy dejé mi frío en las hogueras,
mi fulgor en el páramo doliente,
y la ternura en la batalla cruel
cebada de clamores y de heridas.
¿Qué puede ser más viejo que mi muerte?
Cuelgo mi voz en un perchero mudo
y salgo a desandar senderos tristes
que siembran de recuerdos mi vigilia.
Contemplo ensimismado mis ayeres.
¿Qué habrá más lacerante que la vida?

La anciana y el cortejo

Arrastra el luto y los pies
entre piedras que esconden
memorias esclavas.
Una ausencia tiñe
la mirada errante.
Susurra los nombres
al son de una antigua canción marinera.
Gasteiz, Grimau, Ruano,
Grimau, Ruano, Gasteiz,
Subiendo la cuesta traspasa el cortejo.
La cruz, el obispo,
los santos codazos,
el fervor gazmoño.
El lienzo que cubre la impudicia muerta
agita balas ciegas,
miembros rotos,
cráneos machacados.
Es una tela con hedor a olvido.
La voz susurra los nombres
que se alejan del muerto y la murga.
Gasteiz, Grimau, Ruano,
Grimau, Ruano, Gasteiz.

Cada vez más lejos
resuena la antigua canción marinera
y la anciana piensa que cuando amanezca
buscará la tumba del verdugo muerto
y sobre la losa escupirá tres veces.

Tal vez

Tal vez un día,
en agosto,
no sabré
si es mi frío o tu verano
el que me hace pensar en una historia
de arlequines, de magia y de acrobacia.
Tal vez aquella tarde
debí decirte adiós
y dejar entre papeles de colegio
mi rito adolescente de querer.
Tal vez aquella noche,
caminando por la cuerda de un ensueño
y ebrio del ayer,
debí dejar de ser
para olvidarte.