Sonás a lo perdido,
al exilio y a la ausencia.
A lo que quise ser
y a lo poco que fui.
A una calle con empedrado y farol
que se fue con los tranvías.
Sonás a vos cuando alguien te silba,
a las lluvias de otoño,
a cospel,
a cinco guitas y a mis viejos.
A guardapolvos, a tinenti,
a rayuela, a tejo y a malvón.
Sonás a la distancia,
al tiempo,
al primer abrazo.
A la última pasión.
Precioso poema.
¡Gracias por tus lecturas, Azurea!
[…] Fuente original: https://paramiuncortado.blog/2025/08/17/tango/ […]
¡Gracias, Javier!