La amante oscura

La amante oscura
teje sus sueños en la máquina de arder.
Su pasión es la espera
que abrasa los tiempos del reloj.
Acurrucada
en los cálidos rincones del silencio
piensa en el amor
como en un antiguo amigo
que de vez en cuando la visita
trasteando recuerdos y milagros.
La amante oscura
siempre ama a contraluz,
a contratiempo,
a contrapelo.

Jornada

El sabor del cristal roto.
Nubes. La luz de una estrella
o un faro en el mar. Noche.
Amanece un frío rojo
y el resplandor hiere el aire.
Luego la mansa siesta.
Un tren pita a nadie.
Un murmullo en la mezquita.
Olor a alcohol,
olor a flor de naranjo.
La bicicleta herida tiembla en la tarde
cuando el gato se hace sombra y cruza.
El sol nocturno cambia de sitio
y todo vuelve a circular distinto,
distante como el ozono que engendró la lluvia.
El pábilo quemó la ingenuidad.
Oigo un ruido a dolor sordo.
La montaña se fuga en las tinieblas
tras el amor de la amante oscura.
Entro al túnel ahondado en la leyenda
e invento la luz de la otra orilla.