La calle es el cobijo
del tejo, la bolita y la rayuela.
En el potrero
la pelota.
Y la bici
transporta a los actores
a mundos insondables.
El niño mira
los mágicos objetos sin pasado.
El misterio se evanesce
si volvemos, ya de adultos,
para sólo comprobar
la mentira del recuerdo.